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sábado, 5 de marzo de 2016

Nuestra mente es una Okupa

Ya sabes que hay personas que cuando se quedan sin espacio en casa, empiezan a deshacerse de cosas que no necesitan. Otras buscan una casa más grande en la que puedan disponer de más espacio, pero eso...suele durar poco. Pronto ese espacio empieza a llenarse con cosas, de tal modo que a los propietarios les surge la duda de cómo es que todo eso cabía en la casa anterior que era más pequeña y sin embargo también ha ocupado prácticamente por completo el espacio de esta casa...pues con nuestra mente ocurre algo parecido.
Cuántas veces te enzarzas en luchas estériles con tu mente okupa.
Cuántas veces te enzarzas en luchas estériles con tu mente okupa.


Cuando no hacemos nada, es como si creáramos un espacio vacío en nuestra vida...y hay algo que va a ocuparse de llenarlo casi de inmediato: nuestra mente. El trabajo de nuestra mente es fabricar pensamientos, y ella es una trabajadora incansable: no para de producirlos, de hecho, va a llenar nuestra vida de pensamientos que nos tendrán ocupados el tiempo que nosotros le dejemos.

Nada como no hacer nada para empezar a parlotear con nuestra mente.
Nada como no hacer nada para empezar a parlotear con nuestra mente.

En esos casos podríamos actuar de dos formas:
-Una sería convertirnos en espectadores de nuestros pensamientos (Mindfulness), sabiendo que son sólo eso, pensamientos, que no son la realidad y que por tanto no tienen que influenciar nuestro comportamiento. Esto nos hará más libres.

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-Otra cosa que podríamos hacer es reconocer esos pensamientos como lo que son y empezar a hacer cosas que son importantes para nosotros, cosas que llenen nuestra vida y la hagan significativa. Pueden ser cosas que antes hacíamos y disfrutábamos pero hemos dejado de hacer y cosas que siempre hemos querido hacer y nunca hemos hecho. Es una forma de deshacernos de lo antiguo y crear espacio para algo nuevo.
Haciendo cosas elegimos nuestro cómo ocupamos espacio y tiempo.
Haciendo cosas elegimos cómo ocupamos nuestro espacio y nuestro tiempo.

¿Que tu mente o tu cuerpo te dicen que no tienes ganas? Desafíalos para que te acuerdes que no controlas tus pensamientos ni  tus emociones, pero sí que puedes controlar lo que haces.
¿Qué tu mente te dice que va a salir mal o que no tiene sentido? desafíala y una vez que lo hayas hecho, sé consciente de cómo ha ido y date cuenta de las diferencias entre lo que había predicho tu mente y lo que realmente ha ocurrido.
Puedes probar a confiar más en tu experiencia y menos en tu mente a ver qué pasa...



miércoles, 12 de agosto de 2015

¿Son más felices los tontos?

¿Son más felices los tontos o los que piensan menos?
 
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Estarás de acuerdo en que no es lo mismo. Incluso habría que hablar sobre lo que es pensar.
¿Qué proporción de nuestro tiempo diario pasamos pensando productivamente? ¿Cuánto tiempo dedicamos a soñar despiertos? ¿Y cuánto a darle vueltas inútilmente a las cosas?
Yo suelo decir que la respuesta general a la primera pregunta es aproximadamente un 20% diario: creo que pasamos mucho más tiempo dándole vueltas a lo mismo (pensamientos recurrentes) sin resultado positivo que pensando resolutivamente (planificando, resolviendo de verdad algún problema,…).
Y ¿Cómo nos sentimos cuando ponemos a funcionar nuestra “lavadora mental” o cuando rumiamos?
 
 
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Lo normal es que la respuesta sea “mal”... y eso no es lo peor; lo verdaderamente nefasto es el tiempo que empleamos en ello y la cantidad de cosas que nos perdemos mientras no hacemos otra cosa que “comernos el tarro”.
 
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Pasamos mucho tiempo dando vueltas a lo mismo, como las vacas
 
 
A eso podríamos añadir el agotamiento mental resultante (para ver por qué puedes releer la Terapia de Aceptación y Compromiso), con lo cual ya estamos atrapados en nuestro propio círculo vicioso.
 
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Nada mejor que un pensador inmóvil de piedra para representar el estado de bloqueo en el que permanecemos mientras nos enredamos con nuestros pensamientos recurrentes.
 
 
Pero, ¿Quién crees que pone en marcha “la lavadora”?
 
Pues tú mism@, y voluntariamente.
 
No decidimos los pensamientos que irrumpen en nuestra mente, pero sí que decidimos si nos enredamos con ellos o no.
 
Una vez que asumas y compruebes esto, serás capaz de “pensar” menos, hacer más cosas importantes para ti y por tanto…ser más feliz.
 
 

sábado, 18 de abril de 2015

El poder de sorprenderte

El mejor hipnoterapeuta de la historia, Milton Erickson, utilizaba a menudo la confusión como técnica para la inducción de la hipnosis.
Milton Erickson
Milton Erickson
 
Decía que la confusión creada a partir de la sorpresa hacía que la persona sorprendida buscara la coherencia en cualquier mensaje posterior. Si este mensaje era una sugestión del terapeuta para inducir el trance, la persona entraba en hipnosis de inmediato.
Y es que la sorpresa es capaz de romper momentáneamente nuestros esquemas y dejarnos confusos mientras interpretamos la situación.
 
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A partir de la sorpresa, durante algún tiempo, mantendremos nuestros ojos y oídos bien abiertos y dispuestos a captar cualquier información novedosa: estaremos temporalmente aquí y ahora.
¿Qué pasa entonces si nos autosorprendemos?
 
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No es algo difícil aunque parezca que sí. Desde luego, lo normal es saber lo que nosotros mismos vamos a hacer antes de hacerlo (por eso es complicado darnos un susto a nosotros mismos), pero podemos buscar la sorpresa con nuestros actos, por ejemplo, viajando; quizás es la manera más fácil de lograr sorprendernos de forma frecuente, aunque no la más barata. Durante un viaje tenemos habitualmente los cinco sentidos en "modo búsqueda" desde que nos levantamos de la cama hasta que nos volvemos a acostar. Cuando todo es nuevo, necesitamos procesar lo que percibimos y esto nos obliga a atender plenamente al presente.
 
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Pero viajar no es la única forma de buscar la sorpresa. Podemos cambiar nuestros hábitos, apuntarnos a cursos de cosas que despierten nuestra curiosidad, hablar con desconocidos o simplemente buscar la novedad en cualquier cosa que hagamos haciéndola de forma diferente: por ejemplo, yendo por un camino diferente hacia el trabajo o invirtiendo la secuencia de cosas que normalmente hacemos antes o después de ir a trabajar. Hasta podemos cambiar la forma en que nos lavamos los dientes habitualmente.
Y todo esto ¿para qué? ¿para no aburrirnos? pues en parte sí.
 
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¿Qué pasa cuando hemos repetido algo cientos de veces?
 
Pues que, como ya conocemos de sobra lo que estamos haciendo, para ahorrar energía, nuestra atención se desconecta de lo que hacemos, nos ponemos en "modo piloto automático" y nuestra mente divaga...y entonces depositamos nuestra atención en esos fantásticos pensamientos, tan odiados por algunas personas cuando se convierten en recurrentes, también llamados pensamientos intrusivos, o rumiativos.
 
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Y es que para mí, la atención y el poder de elegir donde la depositamos es lo mejor que tenemos los humanos, pues nos permite ser conscientes. La atención es más valiosa incluso que el tiempo, pues la percepción del tiempo depende por completo de nuestra atención.
Así que ya sabes:
 
Sorprenderte = vivir el aquí y el ahora = atención plena = pensamiento concentrado o productivo y No rumiativo
 

domingo, 25 de enero de 2015

Los síntomas hipocondríacos




Sin duda muchos de los personajes representados por Woody Allen serían el prototipo de hombre con síntomas hipocondríacos, aunque también con obsesión por el sexo o, calificándolo de una forma más general, de neurótico.
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Esta escena me parece genial sobre todo al principio: sale saltando de alegría hasta que de repente, se para ensimismado; y es que éste es el mecanismo básico que subyace a la hipocondría:
Tras pedir desesperadamente un diagnóstico a uno o varios especialistas, si la respuesta es satisfactoria, la alegría dura bien poco. Pronto la mente del hipocondríaco se inunda de nuevo con pensamientos corrosivos de duda.
La solución a este problema puede partir de romper el círculo vicioso en el mismo momento de la pregunta inicial, que podría ser: “¿ Y si tengo la enfermedad……?”.
Sea la enfermedad que sea, una vez que reconocemos que estamos inmersos en un círculo de preguntas y respuestas sin fin, lo mejor es empezar por no respondernos.
Efectivamente, la mejor forma de acabar con una pregunta que se repite es no responderla. La pregunta volverá algunas veces más, pero si somos consistentes en la ausencia de respuesta, finalmente no habrá más preguntas. Es una técnica simple, pero que puede resultar laboriosa.
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Otra técnica que puede utilizarse de forma conjunta o aislada es la usada por la Terapia Estratégica, aunque también por algunos profesionales la cognitivo-conductual, que suele llamarse la peor fantasía. Consiste en que la persona escriba con una regularidad predeterminada por su terapeuta la cadena de los peores acontecimientos que podrían sucederle en respuesta a sus preguntas ysi: “¿Y si tengo X? pues entonces ….” y así sucesivamente hasta llegar al final, que suele ser la curación o la muerte. El objetivo es saturar de tal forma la mente del paciente con el síntoma, que acabe por desecharlo.
Es una técnica dura, y no todos los pacientes están dispuestos a llevarla a cabo, pues ahonda en el miedo que sienten hacia la enfermedad o la muerte.
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Este miedo no es el causante del problema, sino la búsqueda incesante de una seguridad que por ilusoria nunca llega.
Por último, desde la Terapia de Aceptación y Compromiso se podría trabajar con el miedo, y la consecuente sensación de urgencia por tratar de llegar a esta seguridad.
Existen diferentes enfoques efectivos para tratar con este problema, que, en ocasiones, puede llegar a ser realmente limitante.

domingo, 9 de noviembre de 2014

¿Es de locos hablar solo?


















La respuesta a esta pregunta debe ser un no rotundo, pues prácticamente todos lo hacemos. Es cierto, decimos habitualmente que alguien está borracho, o bien que no anda muy cuerdo, cuando lo vemos hablando solo. Sin embargo, para ser más correctos, deberíamos decir que nuestra conclusión proviene de que hemos visto a esa persona hablando en alto.
Realmente todos nos pasamos la vida hablando con nosotros mismos, y digo nos pasamos la vida, porque lo hacemos continuamente. Basta que no tengamos nuestra atención puesta por completo en algún asunto para que empecemos a darle a la "lengua mental". Nos decimos cosas, nos desmentimos, nos mentimos, nos preguntamos, nos respondemos, nos damos órdenes, nos insultamos en ocasiones…y casi siempre involuntariamente.
Hablar sola es muy común
Hablar sola es muy común

Estos diálogos entre la misma persona nos impiden vivir el presente. Evocan recuerdos, anticipan el futuro y mantienen nuestra atención en todo menos en el aquí y el ahora. No saboreamos la comida mientras le damos vueltas en la boca si al mismo tiempo también le damos vueltas a lo que hicimos ayer; no nos recreamos con el olor de un perfumen cuando estamos tratando de adivinar qué marca es, no percibimos la belleza de un amanecer si miramos al cielo pensando en lo que haremos mañana…¿Qué más da lo que hagamos mañana si no vamos a estar allí? Bueno...nuestro cuerpo estará allí, pero nuestra mente estará en otro tiempo y en otro lugar.

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Como comentaba antes, si tenemos nuestra atención completamente puesta en algo, entonces sí que no nos hablamos. Algo que sea capaz de absorbernos por completo nos deja mudos. Puede ser leer un libro, ver una película interesante, pintar un cuadro, admirar un paisaje, resolver un problema de álgebra…todo lo que no sea repetitivo porque si lo es….Saz!!! nuestro cerebro pone el piloto automático, y nuestra mente empieza a divagar. A mi esto me recuerda a los ordenadores cuando tras varios minutos salta el salvapantallas…imágenes sin sentido que salen de cualquier lado y con cualquier dirección…como nuestros pensamientos.
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Hasta aquí lo habitual; pero la cosa puede empeorar. Hay personas que otorgan significado a estos pensamientos, y entonces es cuando realmente empiezan los problemas. Estos pensamientos intrusivos pueden ser molestos o desagradables, y si les prestamos demasiada atención, se volverán recurrentes.
Es el caso de pensamientos que producen miedo, vergüenza, pudor, asco, etc. Hay personas que al tratar de evitarlos, les confieren el poder de ser recurrentes y volver constantemente, pudiendo llegar a convertirse en obsesivos.
Una obsesión debe preocuparnos cuando empieza a ser limitante
Una obsesión debe preocuparnos cuando empieza a ser limitante
El remedio a este mal es hacer lo contrario a lo que se hace habitualmente, que es tratar de evitarlos, de expulsarlos de nuestra mente. Por tanto, la solución pasa por simplemente observarlos, permitirles entrar sin juzgarlos, sin interpretarlos, y por tanto, sin otorgarles significado.
Esto es lo que se practica por ejemplo en el mindfulness, un tipo de meditación cuyo objetivo es estar en el presente, sin más. Nada que hacer, nada que conseguir, ningún sitio al que ir, como diría un maestro.

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La Terapia de Aceptación y Compromiso emplea una metáfora para describir los efectos del diálogo interior, la metáfora de la radio. Viene a decir más o menos que todos tenemos una radio encendida; una radio que está siempre emitiendo mensajes. No ocurre nada si tan sólo la escuchas, pero los problemas pueden empezar si condicionamos nuestra conducta por los mensajes de la radio. Hay quien se para a mitad de su vida a escucharla sin hacer nada más, o incluso quien se dedica a discutir acaloradamente con ella…Qué cosas, ¿no?
Para ver una imagen de cine de alguien discutiendo con su radio, nada mejor que este trailer de la película The Pledge, del inigualable Jack Nicholson.




Bueno, si te ha gustado el post, puedes expresarte dándole a "Me gusta", así sabré que no he estado hablando (o escribiendo) yo solo :)

sábado, 21 de diciembre de 2013

LOS PENSAMIENTOS NO DESEADOS



Hay muchas personas que sufren en silencio por sus “pensamientos intrusos”, pensamientos que consideran inaceptables por su contenido, básicamente inmoral.
Son pensamientos que “les vienen” y no pueden evitar o controlar.


Y yo me pregunto… ¿Tenemos todos ese tipo de pensamientos?

La respuesta debe ser sí, pues gracias a ese tipo de pensamientos irracionales existe la creatividad.
Por la cabeza pueden pasarnos pensamientos de diferentes contenidos a velocidades enormes pero,
¿Estamos siempre sometidos a ese bombardeo de imágenes, sonidos o sensaciones?





No, gracias a la concentración. Si estuviéramos siempre imaginando o soñando despiertos no podríamos concentrarnos en ninguna actividad y sin embargo, sabemos que somos capaces de reflexionar cómo resolver un determinado problema y pensar sólo en imágenes relacionadas con el tema que nos ocupa.

Pero esto tampoco es así siempre, cuando algo nos pre-ocupa o cuando nos perturba emocionalmente, estos pensamientos pueden surgir de repente en nuestra conciencia, produciendo sentimientos de tristeza, ansiedad, etc., según su contenido; en ese momento, lo lógico sería decidir si nos quedamos con ese pensamiento o seguimos con lo que estábamos haciendo.
El problema surge cuando no somos capaces de llevar a cabo esa decisión, pues la emoción que suscita el pensamiento es tan fuerte que nos embarga y no nos permite continuar con nuestra tarea.















¿Y qué podemos hacer en estos casos?

Desde la psicología cognitivo-conductual nos animan a pensar científicamente y a tratar de desmontar de forma lógica esos pensamientos cuando la emoción que producen es miedo. Por ejemplo en el caso de un pensamiento obsesivo sobre la muerte de alguien, acompañado del temor a que realmente ocurra, podríamos decirle que pruebe científicamente que su hipótesis no es cierta y que piense todo lo que quiera en el fallecimiento de esa persona para luego comprobar que sigue “vivita y coleando” (eso sí, hay que comprobarlo pronto y no esperar años, no sea que nos llevemos alguna sorpresa).

Pero quizás haya una forma diferente de convivir satisfactoriamente con esos pensamientos: ¿Y si en lugar de actuar como científicos puros nos volvemos un poco neuropsicólogos y tratamos de explicar de dónde pueden venir ese tipo de pensamientos? ¿probamos?













Nuestro cerebro es producto de la evolución, y como tal, ha ido ganando en formas y estructuras cada vez más complejas a partir del “edificio” original.
Tenemos en nuestra cabeza estructuras primitivas y estructuras más recientes evolutivamente hablando. Estas estructuras en ocasiones se solapan en sus funciones. Desde luego se sabe menos del funcionamiento del cerebro de lo que se conoce (de hecho se dice que si pudiéramos conocer a fondo nuestro cerebro éste sería tan simple que seríamos bastante tontos), pero actualmente los neurocientíficos defienden que nuestro cerebro se comporta como si estuviera compuesto de muchas mentes pensando al mismo tiempo; estas mentes deberían armonizarse de algún modo para que nuestra cabeza funcione bien y el director de orquesta bien podría ser la corteza cerebral, nuestra más reciente adquisición.


Por tanto, a donde quiero llegar es: ya que nos llegan a nuestra mente diferentes pensamientos que podrían generarse a partir de diferentes zonas del cerebro, más o menos evolucionadas, en lugar de enfadarnos con nosotros mismos y tratar de eliminar las imágenes que nos llegan, ¿por qué no las aceptamos sin más?




Imagina que estás viendo la tele, sentado en tu sillón con el mando del televisor en la mano haciendo zapping (sí, se que es una situación rara pero puede ocurrir).














El canal que ves ahora está emitiendo un programa de esos tan escasos en los que se promueve el morbo y decides enfadarte porque es una vergüenza que permitan emitir programas con esos contenidos, estás tan enojado que empiezas a notar las palpitaciones de tu corazón en el pecho, tu respiración acelerada, la boca seca,…etc., etc., etc., y mientras tanto, ¿qué ha sucedido? Pues que el televisor sigue en ese canal (y Jorge Javier Vázquez sigue hablando y gesticulando).





Pero ¿y si en lugar de eso aceptas que hayan canales de televisión así, sonríes y simplemente cambias de canal? Has estado expuesto mucho menos tiempo a las imágenes que con la reacción anterior y te encuentras menos perturbado ( y encima haces más de esa forma contra el programa que indignándote mientras lo ves).
Eso es lo que quiero decir con aceptar los pensamientos “intrusos”, sólo serán molestos mientras generen emociones y sólo generaran emociones mientras sean molestos.





Al fin y al cabo eso es lo que ya dijo C. G. Jung cuando hablaba de aceptar nuestra sombra (llamaba así la parte reprimida de nuestra personalidad, algo así como nuestro Mr. Hide, también denominado Alter Ego).




 























































Puedes hacer mindfulness-meditación, puedes hacer yoga, puedes hacer relajación, auto-hipnosis, músicoterapia, desarrollar técnicas de control mental…













pero lo que te llevará a encontrar la serenidad es aceptar que nuestra conducta, incluidos nuestros pensamientos, vienen determinados en gran parte por lo que la evolución ha hecho de nosotros.





Los etólogos dicen que nuestra conducta altruista ha sido seleccionada evolutivamente pues permitía la supervivencia dentro del grupo, pero es que también lo hacían las reacciones de sumisión, la envidia, la cohesión familiar, etc.
Por ejemplo, se piensa que el acto de sonreir cuando saludamos a alguien ha derivado a partir de la reacción de enseñar los dientes a un enemigo potencial para mantenerlo alejado, o que el pensamiento fugaz que podemos tener cuando alguien sufre una desgracia podría derivar de las relaciones y categorías dentro del grupo o tribu).




 












Por tanto, no nos entristezcamos, enfademos o escandalicemos con nuestros pensamientos inaceptables, simplemente aceptémoslos, pues provienen de diferentes partes de nuestro cerebro, construido a trozos a partir de la evolución y coronado con una corteza cerebral que nos permite decidir si nos quedamos con ese pensamiento o buscamos otro, evitando de este modo que sea en ese momento la emoción de tristeza, enfado o indignación la que provoque la decisión.
Son esos pensamientos inaceptables los que hacen posible las novelas, las películas, las obras de arte en general y cualquier artificio inventado por la humanidad.




























No hay nada mejor para la concentración y la consiguiente eficacia de nuestro pensamiento que el que nos acompañe una emoción acorde con él.