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domingo, 18 de septiembre de 2016

Los niños, sus juegos de fantasía y la creatividad

¿Te has preguntado si los juegos de fantasía de tu hija o hijo pueden jugar algún papel en su capacidad creativa ?
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Los juegos de fantasía pueden beneficiar el pensamiento creativo de los niños, según los resultados de un estudio realizado por unos investigadores de la Universidad de Oxford Brookes. Los autores lo explican argumentando que durante los juegos de fantasía se crean mundos irreales, lo que conlleva el uso de la imaginación para concebir el mundo de forma diferente a la realidad circundante, algo que realmente es necesario para pensar de forma creativa.
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Concebir el mundo de forma diferente juega un papel fundamental en la creatividad.
Los autores del estudio entrevistaron a 70 niños de entre 4 y ocho años para evaluar el grado en que su juego fantástico implicaba:
-simular la vida real (como tomar café o jugar a ser una profesora).
-simular situaciones en las que lo que ocurría era muy improbable en la realidad (como luchar con un león o ir a colegio en un helicóptero).
-vivir contextos imposibles como jugar con un duende o ir a una escuela de hadas.
Además de esto, los niños tenían que completar tres tareas creativas:
-pensar en todas las cosas que puedas de color rojo.
-demostrar todas las formas posibles para ir de un punto A a un punto B en una habitación.
-Dibujar a una persona real y a una imaginaria.
Tal como esperaban, los autores encontraron que los niños que puntuaban más alto en las escalas de fantasía en sus juegos, eran los que habían realizado las tareas de forma más creativa, sobre todo las dos primeras.
Está claro por tanto que el crear escenarios imaginarios está relacionado con la capacidad creativa, lo que sin embargo no tienen tan claro los investigadores es en qué dirección va la relación:
¿Son más creativos los niños por jugar a juegos de fantasía o es que son los que más juegan a juegos de fantasía los más creativos?
Sería importante saberlo, pero en cualquier caso, si para ti es importante la creatividad, ¿valdría la pena potenciar en tus hijos los juegos de fantasía?
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¿Estaremos limitando la creatividad de nuestros hijos sin ser conscientes de ello?
¿Sería mejor limitarles la cantidad de tiempo con otros juegos en los que la imaginación juega un papel más pequeño?
¿Sería bueno promover en los colegios tiempo para jugar fantasiosamente como parte de una asignatura llamada Creatividad?
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¿Existe la asignatura de Creatividad en las aulas del siglo XXI?
 
Y si dejamos para eso el horario extraescolar, ¿cuántas actividades extraescolares se basan en juegos de fantasía?
 
Y ya en un contexto diferente, ¿sería útil que los adultos se enfrascaran en juegos de fantasía para trabajar su capacidad creativa?
 
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Es posible que jugar con nuestros hijos desarrolle nuestra creatividad.
 

sábado, 9 de julio de 2016

¿Seguro que la mente es maravillosa?

¿Dónde pasamos la mayor parte de nuestra vida? En muchos momentos, en lugar de estar en el aquí y ahora, estamos en el pasado, con nuestros recuerdos, o en el futuro, con nuestras preocupaciones.
Otras veces no estamos con preocupaciones, sino con ensoñaciones diversas, que no están asociadas a ninguna emoción intensa.
Y es que los pensamientos son como los estímulos externos, que mientras más intensa es la emoción que los acompaña, más fácil es que llamen nuestra atención.
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¿Dónde pasamos la mayor parte de nuestra vida?

De hecho, la misma expresión es ilustradora: llamar la atención. Una metáfora que me gusta mucho sobre la atención es que es como una linterna, ilumina aquello en nuestra vida hacia lo que la enfocamos; eso sí, ocurre que, normalmente, esa linterna enfoca a nuestra mente.
Cuando algo llama nuestra atención, atrae la luz de nuestra linterna, pero cuando el interés se acaba, y comienza la rutina, nuestra linterna se mueve para apuntar de forma casi automática hacia nuestra mente.
Además de con aquellas actividades que nos estimulan, podemos dirigir nuestra linterna hacia el aquí y ahora a través de ejercicios, como los de Mindfulness. De esta manera podemos corregir algo la tendencia a pasar más tiempo con nuestra mente que con aquello que verdaderamente está ocurriendo en nuestras vidas.
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Nuestra atención es como una linterna. Podemos dirigirla nosotros mismos.


Entonces, ¿es la mente maravillosa? Mi respuesta es que no siempre.
Y si no, que se lo digan a todas aquellas personas que habitualmente sufren por las emociones que acompañan sus pensamientos intrusivos y recurrentes. La rumiación es un hábito altamente extendido en nuestra sociedad.
 
Según una investigación publicada en la revista Psychological Science, cuando nuestra mente no está ocupada en rumiaciones y pensamientos obsesivos, tiende de forma natural hacia el pensamiento original y creativo.
A través de diversos experimentos entre los que, por ejemplo, daban tareas de diferente carga mental (como recordar cadenas de cifras de diferente longitud) a los sujetos participantes, pudieron observar que, aquellos que realizaban las de menor carga mental, eran los que proporcionaban asociaciones más creativas y originales a diferentes palabras que les asignaban los experimentadores.
Las respuestas de los participantes sometidos a mayor carga mental eran corrientes, mientras que las del otro grupo eran más originales. Además, el tiempo empleado para dar las respuestas corrientes, era mayor que para las respuestas creativas.
Los autores proponen una distinción entre dos términos que recogen dos tipos de actividad mental: Exploración y Explotación.
Cuando exploramos, atendemos de forma amplia, con curiosidad y con actitud de aprender. Cuando estamos en modo explotación, nos guiamos por nuestras expectativas, y en confiamos en la seguridad de un entorno predecible.
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Los niños pasan mucho tiempo explorando. Aquí las únicas que explotan son las pompas de jabón.


Cuando nos vamos de excursión o de viaje, estamos en modo exploración (con nuestra linterna enfocando al presente) durante gran parte del tiempo, mientras que, en los momentos más cotidianos como cuando llegamos a casa tras un duro día de trabajo, estamos más inclinados a permanecer con nuestra mente en explotación.
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A la luz de nuestra conciencia todo es novedad.


¿Quieres pasar más tiempo explorando y menos explotando?
Para estar más tiempo en el presente, una forma es realizar tareas altamente estimulantes (según los gustos de cada persona); no obstante, aunque podamos programarnos de alguna forma para hacer más actividades que atraigan nuestro interés, hay una serie de actividades que se convierten en rutinarias, como comer, ducharse, conducir e caminar hacia el trabajo, etc. etc. etc. etc…¿qué podemos hacer entonces?
Una alternativa muy eficaz es realizarlas con atención plena (mindful living).


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Nada parece igual si le prestamos plena atención.

sábado, 20 de septiembre de 2014

¿POR QUÉ NO COMEMOS CARNE DE CABALLO?


Hace unos meses mi hermano Kilian, que trabaja como jefe de sección de la carne en Alcampo, me dijo que comprara unos filetes de carne de potro que tenía en su lineal, que tenía buen sabor y era muy nutritiva.


Mi hermano Kilian




Un caballo despistado



Le contesté a mi hermano que no me apetecía, que me daba pena, que no quería promocionar que mataran a los pobres potros…a lo que él, con mucha lógica, me argumentó que si no me daban pena las terneras.
La verdad es que estuve pensando durante un tiempo que mi hermano tenía razón, pero aún así, había una parte mayoritaria de mi que no quería comer carne de caballo.
Pero, realmente…¿por qué no quería?



¿Era porque los caballos son más bonitos que las vacas? Y ¿qué pasa entonces con los corderitos y los lechoncitos? ¿y los cabritos?




La auténtica causa, en mi opinión, es nuestra organización del mundo, esa creación propia que llamamos realidad, junto con los guiones o esquemas que poseemos en nuestra mente y que nos sirven para saber cómo comportarnos ante situaciones conocidas sin tener que estar malgastando mucho esfuerzo mental en cada situación en la que nos encontramos.
Para explicarme pondré varios ejemplos en los que, de forma automática, nos dejamos guiar por esos repertorios.
Cuando vamos al teatro, por ejemplo, sabemos que habitualmente, tendremos que comprar la entrada, acceder al teatro, buscar nuestro asiento, sentarnos en la butaca y esperar a que empiece la función.
Cuando vamos a un restaurante, sabemos que debemos pedir mesa, sentarnos, mirar la carta, elegir la comida, esperar por ella, comer, y por último, pagar la cuenta. Si durante la comida vamos al servicio, sabemos que tenemos que ir al que nos toca en función de si somos hombre o mujer, y no se nos ocurriría ir al otro, a no ser que nos estuviéramos ante una urgencia. No se nos ocurre ir al servicio del otro sexo porque nuestro comportamiento suele ser automático, no consciente, y por tanto no estamos pensando en lo que hacemos, ni analizando nuestra conducta. Por el contrario, estas secuencias de actos automáticos nos permite utilizar nuestra energía mental en pensar en otras cosas, que pueden estar a años luz del momento y lugar en que se encuentra nuestro cuerpo.
Para poder actuar de esta forma, debemos tener la realidad circundante muy bien estructurada. Clasificamos los objetos que nos rodean continuamente, y de esta forma sabemos lo que son, o al menos nos hacemos idea. Por ejemplo, podemos desconocer para qué sirve un objeto de metal, pero al menos sabemos que es una cosa de metal, y que por tanto es dura, fría, indeformable, y no comestible.
Además de estas propiedades físicas, clasificamos los objetos en función del significado y valor que tienen para nosotros.
Es precisamente debido a esta clasificación, que “sabemos” que (en nuestra cultura) la ternera se come pero el caballo no. La vaca es un animal que da leche, el caballo se monta y el perro es un animal de compañía que ladra (y que tampoco debe comerse).
Estas clasificaciones son útiles no sólo para ahorrarnos el tener que pensar sobre lo que hacemos, sino también para nuestra supervivencia y bienestar (seguramente estaríamos bastante incómodos si nos hubiéramos comido por ejemplo el objeto de metal del que hablábamos antes).
En mi opinión, estas clasificaciones son el andamiaje del Sentido Común: ese sentido que nos dice continuamente cómo debemos comportarnos para asegurar nuestra supervivencia y bienestar así como el de nuestra sociedad.
Pero las clasificaciones que hacemos también tienen sus inconvenientes.
En ocasiones por ejemplo, introducimos en una categoría más atributos de los que debiera tener. Por ejemplo, si pensamos que alguien es muy bueno haciendo algo en concreto, muchas veces asumimos que debe ser bueno en otras cosas, o si pensamos que alguien es mediocre en un ámbito determinado, lo extendemos a otros aspectos de su vida.
Un experimento tradicional pero sencillo puede servir para ilustrar esto.
Si te describo a dos personas, Pedro y Luis, ¿cuál sale más favorecido?
Pedro: inteligente-diligente-impulsivo-crítico-testarudo-envidioso
Luis: envidioso-testarudo-crítico-impulsivo-diligente-inteligente


¿Ves cómo funciona habitualmente nuestra mente?

Pero quizás lo peor no sea esto, sino la relativa impermeabilidad entre categorías, es decir, lo que nos cuesta poner a un objeto en una clase diferente a la que lo teníamos.
Los ejemplos son innumerables. Podemos empezar por experimentar lo que nos cuesta comer carne de caballo…a pesar de estar convencidos de que es sólo porque lo he incluido en mi clasificación de animales nobles no comestibles!!!
Pero también podemos recordar lo que nos cuesta sacar a una persona del estereotipo en que la teníamos. Es como reirnos con Arnold Schwarzenegger haciendo comedia, o estar serios viendo a Jim Carrey en una película dramática…¿Nadie se acuerda cuando Matías Pratts pasó de presentar Estudio Estadio a dar las noticias del telediario?


Presentando el Telediario parecía que en cualquier momento iba a cantar un gol...




Personalmente, me resulta más gracioso Jim Carrey….











Usualmente la costumbre es la que nos obliga a hacer el esforzado cambio de clase, y esto es lo que ocurre con las modas. Si se pusiera de moda comer carne de potro, ya no lo veríamos tan raro y crearíamos una clase equina comestible.
Bueno, y si no me da la gana de comer caballo ¿qué pasa? ¿Tanta importancia tiene que sea difícil cambiar a un objeto de clase?
Pues créeme, tiene una gran importancia por algo cada vez más valorado en nuestra sociedad actual: La creatividad.
Si queremos ser creativos y originales tendremos que salirnos de lo habitual, de lo vulgar, de lo corriente…luego por un momento, si queremos ser creativos tendremos que saltarnos el sentido común=habitual=corriente=vulgar.
Es decir, tendremos que sacar a los objetos de sus clases habituales para poder ser creativos y originales, y lo que es más importante, para poder resolver eficientemente problemas aparentemente irresolubles…

Como el cinturón abrebotellas










o para ahorrar espacio la cuchara-tenedor



Si nos olvidamos de cómo hacer el nudo tenemos cerca las instrucciones



Y por último, la microducha


En terapia, cambiar  de clase se denomina reestructurar, de tal modo que, por ejemplo, estamos reestructurando cuando decimos que una determinada situación no es un problema, sino un reto.


¿Qué? ¿Te apetece un cachito?





sábado, 21 de diciembre de 2013

LOS PENSAMIENTOS NO DESEADOS



Hay muchas personas que sufren en silencio por sus “pensamientos intrusos”, pensamientos que consideran inaceptables por su contenido, básicamente inmoral.
Son pensamientos que “les vienen” y no pueden evitar o controlar.


Y yo me pregunto… ¿Tenemos todos ese tipo de pensamientos?

La respuesta debe ser sí, pues gracias a ese tipo de pensamientos irracionales existe la creatividad.
Por la cabeza pueden pasarnos pensamientos de diferentes contenidos a velocidades enormes pero,
¿Estamos siempre sometidos a ese bombardeo de imágenes, sonidos o sensaciones?





No, gracias a la concentración. Si estuviéramos siempre imaginando o soñando despiertos no podríamos concentrarnos en ninguna actividad y sin embargo, sabemos que somos capaces de reflexionar cómo resolver un determinado problema y pensar sólo en imágenes relacionadas con el tema que nos ocupa.

Pero esto tampoco es así siempre, cuando algo nos pre-ocupa o cuando nos perturba emocionalmente, estos pensamientos pueden surgir de repente en nuestra conciencia, produciendo sentimientos de tristeza, ansiedad, etc., según su contenido; en ese momento, lo lógico sería decidir si nos quedamos con ese pensamiento o seguimos con lo que estábamos haciendo.
El problema surge cuando no somos capaces de llevar a cabo esa decisión, pues la emoción que suscita el pensamiento es tan fuerte que nos embarga y no nos permite continuar con nuestra tarea.















¿Y qué podemos hacer en estos casos?

Desde la psicología cognitivo-conductual nos animan a pensar científicamente y a tratar de desmontar de forma lógica esos pensamientos cuando la emoción que producen es miedo. Por ejemplo en el caso de un pensamiento obsesivo sobre la muerte de alguien, acompañado del temor a que realmente ocurra, podríamos decirle que pruebe científicamente que su hipótesis no es cierta y que piense todo lo que quiera en el fallecimiento de esa persona para luego comprobar que sigue “vivita y coleando” (eso sí, hay que comprobarlo pronto y no esperar años, no sea que nos llevemos alguna sorpresa).

Pero quizás haya una forma diferente de convivir satisfactoriamente con esos pensamientos: ¿Y si en lugar de actuar como científicos puros nos volvemos un poco neuropsicólogos y tratamos de explicar de dónde pueden venir ese tipo de pensamientos? ¿probamos?













Nuestro cerebro es producto de la evolución, y como tal, ha ido ganando en formas y estructuras cada vez más complejas a partir del “edificio” original.
Tenemos en nuestra cabeza estructuras primitivas y estructuras más recientes evolutivamente hablando. Estas estructuras en ocasiones se solapan en sus funciones. Desde luego se sabe menos del funcionamiento del cerebro de lo que se conoce (de hecho se dice que si pudiéramos conocer a fondo nuestro cerebro éste sería tan simple que seríamos bastante tontos), pero actualmente los neurocientíficos defienden que nuestro cerebro se comporta como si estuviera compuesto de muchas mentes pensando al mismo tiempo; estas mentes deberían armonizarse de algún modo para que nuestra cabeza funcione bien y el director de orquesta bien podría ser la corteza cerebral, nuestra más reciente adquisición.


Por tanto, a donde quiero llegar es: ya que nos llegan a nuestra mente diferentes pensamientos que podrían generarse a partir de diferentes zonas del cerebro, más o menos evolucionadas, en lugar de enfadarnos con nosotros mismos y tratar de eliminar las imágenes que nos llegan, ¿por qué no las aceptamos sin más?




Imagina que estás viendo la tele, sentado en tu sillón con el mando del televisor en la mano haciendo zapping (sí, se que es una situación rara pero puede ocurrir).














El canal que ves ahora está emitiendo un programa de esos tan escasos en los que se promueve el morbo y decides enfadarte porque es una vergüenza que permitan emitir programas con esos contenidos, estás tan enojado que empiezas a notar las palpitaciones de tu corazón en el pecho, tu respiración acelerada, la boca seca,…etc., etc., etc., y mientras tanto, ¿qué ha sucedido? Pues que el televisor sigue en ese canal (y Jorge Javier Vázquez sigue hablando y gesticulando).





Pero ¿y si en lugar de eso aceptas que hayan canales de televisión así, sonríes y simplemente cambias de canal? Has estado expuesto mucho menos tiempo a las imágenes que con la reacción anterior y te encuentras menos perturbado ( y encima haces más de esa forma contra el programa que indignándote mientras lo ves).
Eso es lo que quiero decir con aceptar los pensamientos “intrusos”, sólo serán molestos mientras generen emociones y sólo generaran emociones mientras sean molestos.





Al fin y al cabo eso es lo que ya dijo C. G. Jung cuando hablaba de aceptar nuestra sombra (llamaba así la parte reprimida de nuestra personalidad, algo así como nuestro Mr. Hide, también denominado Alter Ego).




 























































Puedes hacer mindfulness-meditación, puedes hacer yoga, puedes hacer relajación, auto-hipnosis, músicoterapia, desarrollar técnicas de control mental…













pero lo que te llevará a encontrar la serenidad es aceptar que nuestra conducta, incluidos nuestros pensamientos, vienen determinados en gran parte por lo que la evolución ha hecho de nosotros.





Los etólogos dicen que nuestra conducta altruista ha sido seleccionada evolutivamente pues permitía la supervivencia dentro del grupo, pero es que también lo hacían las reacciones de sumisión, la envidia, la cohesión familiar, etc.
Por ejemplo, se piensa que el acto de sonreir cuando saludamos a alguien ha derivado a partir de la reacción de enseñar los dientes a un enemigo potencial para mantenerlo alejado, o que el pensamiento fugaz que podemos tener cuando alguien sufre una desgracia podría derivar de las relaciones y categorías dentro del grupo o tribu).




 












Por tanto, no nos entristezcamos, enfademos o escandalicemos con nuestros pensamientos inaceptables, simplemente aceptémoslos, pues provienen de diferentes partes de nuestro cerebro, construido a trozos a partir de la evolución y coronado con una corteza cerebral que nos permite decidir si nos quedamos con ese pensamiento o buscamos otro, evitando de este modo que sea en ese momento la emoción de tristeza, enfado o indignación la que provoque la decisión.
Son esos pensamientos inaceptables los que hacen posible las novelas, las películas, las obras de arte en general y cualquier artificio inventado por la humanidad.




























No hay nada mejor para la concentración y la consiguiente eficacia de nuestro pensamiento que el que nos acompañe una emoción acorde con él.