Los problemas para recordar detalles, como dónde están determinados objetos, suelen empezar en la mediana edad (habitualmente sobre los 40) y podrían ser el resultado de la información que nuestro cerebro procesa durante la memorización y su recuperación.
Hay diferencias en la eficacia del recuerdo según la edad
Esta conclusión es la que se deriva de un estudio publicado en la revista NeuroImage, en el cual, a 112 adultos sanos, con edades comprendidas entre los 19 y 76 años, se les mostró una serie de caras de personas para que más tarde pudieran identificar si una cara estaba presente o no en la muestra y, si era así, en qué momento había aparecido.
Mediante técnicas de Imagen cerebral por Resonancia Magnética, los autores del trabajo pudieron comprobar como los participantes más jóvenes activaban mayoritariamente su córtex visual mientras resolvían exitosamente la tarea, lo cual indica que estaban prestando atención a los detalles perceptuales de las caras; sin embargo, los participantes de mediana edad y mayores activaban preferentemente su córtex prefrontal, una parte del cerebro involucrada en la introspección y en obtener información sobre la propia experiencia.
Los autores del estudio sugieren que las carencias en el recuerdo de las personas de mediana edad y mayores pueden deberse a estos cambios en el enfoque de la atención, y no tanto al envejecimiento cerebral.
Esto significa que las personas de estas edades podrían mejorar su memoria aprendiendo a atender más a la información externa que a la interna, lo cual está de acuerdo con las investigaciones que indican que el Mindfulness está relacionado con un mejor envejecimiento cognitivo.
La menta, la camomila, el romero y la lavanda son hierbas que causan un efecto demostrado en el humor y la memoria, con beneficios significativos para las personas mayores, según una nueva investigación de la Universidad de Northumbria.
Hay hierbas que tienen efectos significativos en el humor y en la cognición.
Los investigadores del departamento de psicología han descubierto que beber te de menta mejora el estado de alerta, mientras que la camolila tiene un efecto calmante. También descubrieron que oler los aromas del romero y la lavanda causaban un efecto en la memoria de personas de más de 65 años, de modo que mientras que el olor del romero mejoraba su memoria el de la lavanda la empeoraba.
Estos descubrimientos, que se presentaron en la conferencia anual de la Sociedad Británica de Psicología a finales de abril de este año, se obtuvieron a partir de los cambios cognitivos y de humor de 180 voluntarios que consumieron bien té de camomila, bien té de menta, mientras que el grupo de control bebió sólo agua caliente.
Se vio que la menta estimuló tanto el humor como la cognición, mejorando la memoria a largo plazo, mientras que la camomila tuvo un efecto calmante y sedativo que redujo significativamente la memoria y la velocidad de atención.
La menta estimula, mientras que la camomila calma.
En un estudio diferente, 150 personas saludables de 65 años o más fueron ubicadas en habitaciones que habían sido aromatizadas con aceites de esencia de romero o de lavanda, mientras que en las habitaciones del grupo de control no había ningún aroma. Se les realizaron tests que medían la memoria prospectiva (habilidad para recordar hacer algo a una hora determinada, como tomar la medicación, o de hacer algo a partir de un estímulo, como enviar una carta después de ver un buzón). También se les pasó tests para evaluar su humor.
Los que habían estado en la habitación con los aceites de esencias de romero aumentaron significativamente su memoria prospectiva y permanecían más alerta que los participantes del grupo de control.
Por el contrario, aquellos que habían estado un tiempo en la habitación con el aceite de esencias de lavanda, redujeron significativamente su habilidad para recordar hacer algo a una hora determinada, aunque se encontraban con un mayor estado de calma y satisfacción.
Un té y un aroma para cada ocasión, ¿con cuál te quedas?
Un té y un aroma para cada ocasión, ¿con cuál te quedas?
Todavía me acuerdo cuando Xavier Pirla, en un curso de PNL de Talent Institut, me dijo que probara a marcar mentalmente con fluorescente las cifras a recordar, y vi como curiosamente, podía retenerlas mejor con ese sencillo truco.
Prueba si quieres para ver si percibes diferencia en el recuerdo tras visualizar una cifra concreta como lo haces normalmente y visualizarla por ejemplo en verde fluorescente.
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¿Notas alguna diferencia?
Sin embargo, en este post, lo que pretendo es comentar un trabajo científico sobre la memoria llevado a cabo por Boucher y Lafleur, dos investigadores de la Universidad de Montreal en Canadá.
Según los resultados de este estudio, publicado en la revista Conciousness and Cognition, repetir las palabras a recordar en voz alta puede aumentar la memoria verbal, perosobre todo si estas palabras son dirigidas a otra persona (ahora lo pongo en otro color sólo para resaltar).
Es decir, el efecto memorístico es más eficaz si la repetición de las palabras se hace en un contexto de comunicación.
Como parte del experimento, 44 estudiantes universitarios tuvieron que repetir palabras de cuatro formas diferentes:
-en su cabeza,
-en silencio moviendo los labios,
-en alto mientras miraban la pantalla de ordenador en la que aparecía la palabra y
-en alto dirigiéndose a otra persona.
En todas las condiciones los participantes llevaban unos auriculares en los que se emitía ruido blanco (ruido neutro, sin significado alguno) para enmascarar sus propias voces y cualquier comunicación por parte del auditorio.
Tras la tarea de comprobación de resultados, las palabras menos recordadas eran las que habían sido repetidas mentalmente sin mover los labios, mientras que las más recordadas eran las que habían sido repetidas en alto dirigiéndose a otra persona.
Eso sí, este efecto diferenciador sólo tiene lugar cuando lo que se repite son palabras; si las sílabas no tienen significado, no hay mejoría en la memoria, se dirijan o no dichos sonidos a otra persona.
Puede ser interesante tener esto en cuenta, ahora bien:
¿Has experimentado que tu memoria ha empeorado últimamente?
Habrás oído que la mala memoria se suele vincular con el estrés, y voy a exponerte una posible explicación, mayormente vinculada a los pensamientos recurrentes.
¿Cuántas veces te has encontrado delante de alguien al que supuestamente estabas escuchando mientras a quien realmente escuchabas era a tu mente?
Sí, a tu mente, a esa que no para de hablar desde que te despiertas hasta que te duermes (cuando ella te deja dormir, claro).
Es como si tuviéramos un televisor encendido en nuestro interior permanentemente. Así que si queremos vivir algo del aquí y el ahora, inevitablemente tenemos que perdernos algunos programas…
¿Qué tal si permanecemos más tiempo en la vida real y menos con ese televisor?
¿O es que has adquirido el hábito de ver la “tele mental” durante casi todo el día?
Estar más en el presente, te ayudará sin duda a acordarte más de lo que ocurre en él.
Y por cierto, que esto de la mala memoria está también muy relacionado con la atención superficial, ya que es lógico que una elevada atención en lo que está sucediendo, es decir, una buena concentración, sea muy útil para poder recordarlo más tarde, ¿no crees?
En resumen, si quieres acordarte mejor de lo que vives, vívelo intensamente, (no superficialmente), atiende plenamente y deja a un lado las “teles mentales” y las virtuales (móviles, tablets) que promueven la atención parcial continua.
Deposita tu atención en una sola cosa para que el contacto con la realidad no sea superficial.
La atención juega un papel muy importante en nuestras vidas.
Hay personas que hacen cosas inimaginables por tratar de llamar la atención:
Unas se comportan de forma desafiante por llamar nuestra atención, otras se
deprimen por la misma razón, otras se autolesionan buscando el mismo objetivo…
Quizás en el mundo de la psicoterapia la forma más extendida de
recabar la atención podría ser el victimismo, mediante el cual algunas personas
tratan de llamar la atención de otras buscando directa o indirectamente
protección y seguridad.
Pero, ¿tan importante es
llamar la atención?
Pues sí, porque para
mucha gente es importante ser importante.
Prestarle atención a algo o alguien es sinónimo de concederle
importancia, tal como vemos en estos ejemplos de expresiones del lenguaje
popular: “No le prestes atención a esos pensamientos pues no son importantes…”,
“Quiero que me prestes un poco más de atención”, etc.
Y ¿cuál debe ser la causa de que depositar nuestra atención en
algo o alguien esté tan valorado? Pues al igual que pasa con otras cosas que
son valiosas, probablemente influye que es limitada.
Nuestra atención es un recurso
limitado pues no podemos atender eficazmente a muchas cosas al mismo
tiempo.
Para ser más correctos podríamos decir que sólo podemos atender
a una cosa de forma eficaz (seamos mujeres u hombres).
Es cierto que podemos hacer dos cosas al mismo tiempo, pero una
de ellas será automática o mecánica (por ejemplo conducir); de esta forma la
atención prestada a la tarea automática será mínima y la atención dedicada a la
otra tarea será mayor aunque no excesiva, pues si lo fuese, probablemente
tampoco podríamos realizar la automática.
Ojo! Una excepción a todo esto son las tareas automáticas fisiológicas
como respirar, los latidos del corazón, etc., ya que afortunadamente estas
funciones siempre permanecen atendamos a lo que atendamos.
Un ejemplo de la limitación de nuestra atención podemos verlo
en una tarea que nos requiera de bastante cantidad como es la siguiente:
Observa atentamente los pases entre los jugadores del equipo de camiseta blanca e intenta contarlos
Esta tarea se denomina El Gorila Invisible, y fue ideada por
Christopher Chabris y Daniel Simons, pero dejemos que ellos mismos nos lo
cuenten:
"Hace aproximadamente doce años,
condujimos un experimento sencillo con la ayuda de estudiantes de la materia de
psicología que dictábamos en la Universidad de Harvard. Para nuestra sorpresa,
se ha convertido en uno de los experimentos más conocidos de la disciplina.
Aparece en libros de texto y se lo enseña en cursos de introducción a la
psicología en todo el mundo. Hay notas referidas a él en revistas como Newsweek
y The New Yorker y ha sido incluido en programas de televisión. Incluso ha sido
exhibido en museos. Su popularidad radica en que revela, de modo humorístico,
algo inesperado y profundo acerca de cómo vemos nuestro mundo, y también sobre
lo que no vemos. Nuestra experiencia vívida encubre una notable ceguera mental:
suponemos que los objetos especiales o inusuales llaman nuestra atención
cuando, en realidad, a menudo nos pasan inadvertidos por completo. Desde que
nuestro experimento fue publicado en la revista Perception, en 1999, se ha
convertido en uno de los estudios más mostrados y debatidos dentro de la
psicología. En 2004 ganó el “Premio Nobel Ig”, que se entrega a “aquellos
logros que primero hacen reír y luego pensar”.
Para el experimento, nuestros
alumnos consiguieron voluntarios a los que les presentaron un video de un
partido de básquetbol: les pidieron que contaran la cantidad de pases que hacían
los jugadores de blanco, pero que ignorasen los de los de negro. El video
duraba menos de un minuto, e inmediatamente después de finalizado les preguntábamos
cuántos habían contado. La respuesta correcta, creemos, era 34 o tal vez 35.
Para ser honestos, no importa. La tarea de contar los pases tenía como objetivo
mantener al observador ocupado en algo que requería atención a la acción que se
desarrollaba en la pantalla, pero en realidad la habilidad para contar pases no
nos interesaba. Lo que estábamos testeando era otra cosa: promediando el video,
una estudiante disfrazada de gorila entraba en la escena, se detenía entre los
jugadores, miraba a cámara, levantaba el pulgar y se retiraba, luego de haber
permanecido alrededor de nueve segundos en pantalla. Después de preguntarles a
los sujetos acerca de los pases, les hicimos las preguntas más importantes:
–¿Notó algo inusual mientras contaba
los pases?
–No.
–¿Notó alguna otra cosa, además de
los jugadores?
–Bueno, había algunos ascensores y
unas letras “s” escritas sobre la pared. No sé para qué estaban esas letras “s”.
–¿Notó a alguien además de los
jugadores?
–No.
–¿Notó un gorila?
–¡¿Un qué?!
Para nuestra sorpresa, ¡alrededor de
la mitad de los sujetos de nuestro estudio no había notado el gorila! Cuando
volvieron a mirar el video, esta vez sin contar los pases, lo detectaron fácilmente
y quedaron atónitos. Algunos dijeron: “¿No vi eso?” o “¡No puede ser!”. Algunos
nos acusaron de cambiar la cinta cuando no estaban mirando.
Desde entonces, el experimento
repitió muchas veces, bajo distintas condiciones, con diversas audiencias y en
múltiples países, pero los resultados son siempre los mismos: cerca de la mitad
de las personas no ven el gorila.
¿Cómo puede la gente no ver un
gorila que camina delante de ellos, gira para mirarlos, se golpea el pecho y se
va? ¿Qué vuelve invisible al gorila? Este error de percepción proviene de una
falta de atención hacia el objeto no esperado; en términos científicos se lo
denomina “ceguera por falta de atención”. Las personas, cuando dedican su
atención a un área o aspecto particular, tienden a no advertir objetos no
esperados, aun cuando éstos sean prominentes, potencialmente importantes y
aparezcan justo allí adonde están mirando.
El hecho de que las personas pasen
cosas por alto es importante, pero lo que nos impresionó aún más fue la
sorpresa que manifestaron al comprobar lo que no habían visto. El estudio del
gorila ilustra, quizá de manera más radical que cualquier otro, la influencia
poderosa y generalizada de la ilusión de atención: experimentamos mucho menos
de nuestro mundo visual de lo que creemos. Si fuéramos del todo conscientes de
los límites de la atención, la ilusión se desvanecería.
Mientras escribíamos este libro,
contratamos a la firma Survey-USA para que hiciera una encuesta a una muestra
representativa de adultos estadounidenses, referida a sus creencias acerca de cómo
funciona la mente. Más del 75 por ciento coincide en creer que notaría esos
acontecimientos inesperados aun cuando estuviese concentrado en otra cosa. Es
verdad que experimentamos de manera positiva algunos elementos de nuestro
entorno, en particular aquellos que constituyen el centro de nuestra atención,
pero esta experiencia conduce a la creencia errónea de que procesamos la
totalidad de la información detallada que nos rodea. En realidad, sabemos cuán
vívidamente vemos algunos de los aspectos de nuestro mundo, pero desconocemos
por completo aquellos que caen por fuera de ese foco de atención habitual."