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sábado, 11 de enero de 2014

LA IMPORTANCIA DE LA ATENCIÓN





La atención juega un papel muy importante en nuestras vidas. Hay personas que hacen cosas inimaginables por tratar de llamar la atención: Unas se comportan de forma desafiante por llamar nuestra atención, otras se deprimen por la misma razón, otras se autolesionan buscando el mismo objetivo…




Quizás en el mundo de la psicoterapia la forma más extendida de recabar la atención podría ser el victimismo, mediante el cual algunas personas tratan de llamar la atención de otras buscando directa o indirectamente protección y seguridad.

Pero, ¿tan importante es llamar la atención?

Pues sí, porque para mucha gente es importante ser importante.

Prestarle atención a algo o alguien es sinónimo de concederle importancia, tal como vemos en estos ejemplos de expresiones del lenguaje popular: “No le prestes atención a esos pensamientos pues no son importantes…”, “Quiero que me prestes un poco más de atención”, etc.



Y ¿cuál debe ser la causa de que depositar nuestra atención en algo o alguien esté tan valorado? Pues al igual que pasa con otras cosas que son valiosas, probablemente influye que es limitada.
Nuestra atención es un recurso limitado pues no podemos atender eficazmente a muchas cosas al mismo tiempo.
Para ser más correctos podríamos decir que sólo podemos atender a una cosa de forma eficaz (seamos mujeres u hombres).







Es cierto que podemos hacer dos cosas al mismo tiempo, pero una de ellas será automática o mecánica (por ejemplo conducir); de esta forma la atención prestada a la tarea automática será mínima y la atención dedicada a la otra tarea será mayor aunque no excesiva, pues si lo fuese, probablemente tampoco podríamos realizar la automática.
Ojo! Una excepción a todo esto son las tareas automáticas fisiológicas como respirar, los latidos del corazón, etc., ya que afortunadamente estas funciones siempre permanecen atendamos a lo que atendamos.

Un ejemplo de la limitación de nuestra atención podemos verlo en una tarea que nos requiera de bastante cantidad como es la siguiente:

Observa atentamente los pases entre los jugadores del equipo de camiseta blanca e intenta contarlos

 




Esta tarea se denomina El Gorila Invisible, y fue ideada por Christopher Chabris y Daniel Simons, pero dejemos que ellos mismos nos lo cuenten:


"Hace aproximadamente doce años, condujimos un experimento sencillo con la ayuda de estudiantes de la materia de psicología que dictábamos en la Universidad de Harvard. Para nuestra sorpresa, se ha convertido en uno de los experimentos más conocidos de la disciplina. Aparece en libros de texto y se lo enseña en cursos de introducción a la psicología en todo el mundo. Hay notas referidas a él en revistas como Newsweek y The New Yorker y ha sido incluido en programas de televisión. Incluso ha sido exhibido en museos. Su popularidad radica en que revela, de modo humorístico, algo inesperado y profundo acerca de cómo vemos nuestro mundo, y también sobre lo que no vemos. Nuestra experiencia vívida encubre una notable ceguera mental: suponemos que los objetos especiales o inusuales llaman nuestra atención cuando, en realidad, a menudo nos pasan inadvertidos por completo. Desde que nuestro experimento fue publicado en la revista Perception, en 1999, se ha convertido en uno de los estudios más mostrados y debatidos dentro de la psicología. En 2004 ganó el “Premio Nobel Ig”, que se entrega a “aquellos logros que primero hacen reír y luego pensar”.
Para el experimento, nuestros alumnos consiguieron voluntarios a los que les presentaron un video de un partido de básquetbol: les pidieron que contaran la cantidad de pases que hacían los jugadores de blanco, pero que ignorasen los de los de negro. El video duraba menos de un minuto, e inmediatamente después de finalizado les preguntábamos cuántos habían contado. La respuesta correcta, creemos, era 34 o tal vez 35. Para ser honestos, no importa. La tarea de contar los pases tenía como objetivo mantener al observador ocupado en algo que requería atención a la acción que se desarrollaba en la pantalla, pero en realidad la habilidad para contar pases no nos interesaba. Lo que estábamos testeando era otra cosa: promediando el video, una estudiante disfrazada de gorila entraba en la escena, se detenía entre los jugadores, miraba a cámara, levantaba el pulgar y se retiraba, luego de haber permanecido alrededor de nueve segundos en pantalla. Después de preguntarles a los sujetos acerca de los pases, les hicimos las preguntas más importantes:
–¿Notó algo inusual mientras contaba los pases?
–No.
–¿Notó alguna otra cosa, además de los jugadores?
–Bueno, había algunos ascensores y unas letras “s” escritas sobre la pared. No sé para qué estaban esas letras “s”.
–¿Notó a alguien además de los jugadores?
–No.
–¿Notó un gorila?
–¡¿Un qué?!
Para nuestra sorpresa, ¡alrededor de la mitad de los sujetos de nuestro estudio no había notado el gorila! Cuando volvieron a mirar el video, esta vez sin contar los pases, lo detectaron fácilmente y quedaron atónitos. Algunos dijeron: “¿No vi eso?” o “¡No puede ser!”. Algunos nos acusaron de cambiar la cinta cuando no estaban mirando.
Desde entonces, el experimento repitió muchas veces, bajo distintas condiciones, con diversas audiencias y en múltiples países, pero los resultados son siempre los mismos: cerca de la mitad de las personas no ven el gorila.
¿Cómo puede la gente no ver un gorila que camina delante de ellos, gira para mirarlos, se golpea el pecho y se va? ¿Qué vuelve invisible al gorila? Este error de percepción proviene de una falta de atención hacia el objeto no esperado; en términos científicos se lo denomina “ceguera por falta de atención”. Las personas, cuando dedican su atención a un área o aspecto particular, tienden a no advertir objetos no esperados, aun cuando éstos sean prominentes, potencialmente importantes y aparezcan justo allí adonde están mirando.
El hecho de que las personas pasen cosas por alto es importante, pero lo que nos impresionó aún más fue la sorpresa que manifestaron al comprobar lo que no habían visto. El estudio del gorila ilustra, quizá de manera más radical que cualquier otro, la influencia poderosa y generalizada de la ilusión de atención: experimentamos mucho menos de nuestro mundo visual de lo que creemos. Si fuéramos del todo conscientes de los límites de la atención, la ilusión se desvanecería.
Mientras escribíamos este libro, contratamos a la firma Survey-USA para que hiciera una encuesta a una muestra representativa de adultos estadounidenses, referida a sus creencias acerca de cómo funciona la mente. Más del 75 por ciento coincide en creer que notaría esos acontecimientos inesperados aun cuando estuviese concentrado en otra cosa. Es verdad que experimentamos de manera positiva algunos elementos de nuestro entorno, en particular aquellos que constituyen el centro de nuestra atención, pero esta experiencia conduce a la creencia errónea de que procesamos la totalidad de la información detallada que nos rodea. En realidad, sabemos cuán vívidamente vemos algunos de los aspectos de nuestro mundo, pero desconocemos por completo aquellos que caen por fuera de ese foco de atención habitual."

viernes, 1 de noviembre de 2013

Amor, medicina milagrosa


En este post voy a hablar del libro de Bernie Siegel llamado “Amor, medicina milagrosa”.
Este magnífico libro cayó en mis manos por casualidad mientras esperaba por una paciente y me enganchó desde sus primeras palabras; lo definiría como una apología encarnizada de la relación mente-cuerpo y del importante papel que nuestra mente juega en nuestra salud.
No obstante, lejos de engrosar la lista de libros de autoayuda que  se encuentran desde hace décadas en el mercado, el libro de Siegel en mi opinión destaca por su realismo e interés, pues aborda, desde la experiencia del autor como cirujano, la influencia de la personalidad en la supervivencia a las enfermedades graves, centrándose sobre todo en el cáncer.
Bernie Siegel propone una serie de ejercicios y pautas para llegar a ser lo que el llama un “paciente excepcional”. Las probabilidades de sobrevivir a la enfermedad de estos pacientes excepcionales se multiplican al cambiar radicalmente su forma de pensar, sentir y actuar.














Entre los datos curiosos que Siegel apunta está por ejemplo el que estudios de la Universidad de Oregon mostraron a finales del siglo XX que las amas de casa sufren cáncer un 54 por ciento más que el resto de la población y el 157 por 100 más que las mujeres con trabajo fuera de casa. Cuando se publicaron estos resultados muchos investigadores trataron de encontrar productos cancerígenos en las cocinas americanas (que de hecho encontraron), pero un análisis posterior reveló que las sirvientas tenían menos cánceres que las amas de casa a pesar de trabajar en dos cocinas. Se destinaron muchos fondos para averiguar la causa química del cáncer pero pocos para buscar una posible causa emocional, tal como el hecho de sentir que no se lleva la vida deseada.




También hace comentarios sobre método de acción imaginativa de Carl Simonton, sobre el que cuenta la historia de un niño llamado Glen, con un tumor cerebral. Basándose en este método le sugirieron a Glen que imaginase que unas aeronaves sobrevolaban su cabeza para acabar con el cáncer, al que Glen imaginaba como “algo grandote, estúpido y gris”.





Al cabo de unos meses Glen dijo a su padre que las aeronaves recorrían su cabeza sin éxito porque no encontraban el cáncer por ningún sitio, a lo que su padre respondió “estupendo”.

Cuando tocaba de nuevo hacerle un TAC a Glen, el médico dijo a sus padres que no se gastaran el dinero porque el tumor era incurable; sin embargo, un día Glen se cayó en la escuela y pensaron que era debido al tumor, le hicieron un TAC y descubrieron que el cáncer había desaparecido por completo.
A pesar de este espectacular resultado Bernie Siegel se lamenta de que esta técnica de visualización no siempre funciona. Él aboga por combinar psicoterapia individual con reuniones de grupo en los cuales los pacientes tienen la oportunidad de compartir sus miedos y alegrías.



Lo que el Dr. Siegel defiende en definitiva es que el cáncer, al hacer que la persona se encuentre con la muerte ante sus narices, es un efectivo billete de entrada a un proceso de autodescubrimiento y cambio espiritual que de otra manera quizás nunca se hubiese producido, tal como describe el poema francés:


“Venid hasta el borde.
No, que caeremos,
Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Se acercaron al borde.
Los empujó, y volaron.”