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sábado, 15 de octubre de 2016

El Mindfulness y las emociones negativas


Según un reciente artículo publicado en la revista Frontiers in Human Neuroscience, la meditación mindfulness puede beneficiarnos mucho en la gestión de nuestras emociones.
Entre las muchas deficiciones del mindfulness se encuentra la proporcionada por la Universidad de Berkeley: "Mantener la conciencia momento a momento de nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones físicas y de nuestro entorno" y la de Harvard: "Sobre todo, la práctica del mindfulness implica aceptar lo que acceda a nuestra conciencia en cada momento".
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El mindfulnes ha ganado mucha popularidad en los últimos años. Enraizado en el Budismo, sus defensores afirman que puede mejorar el sistema inmune, mejorar la atención y memoria e incrementar la densidad de la materia gris cerebral.
Se afirma también que aumenta la compasión, que facilita las relaciones interpersonales y que ayuda a acabar con las adicciones y a gestionar exitosamente el estrés.
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Con la hipótesis de que el mindfulness ayuda a regular las emociones, el equipo de investigación quiso saber si alguien que habitualmente no es consciente de forma natural puede entrar en un estado de conciencia plena sólo con decidirlo o bien realizando un esfuerzo de concentración.
Se invitó a 68 mujeres de habla inglesa, que no habían practicado nunca antes meditación mindfulness a participar en el estudio.
Las participantes se dividieron en dos grupos, uno de ellos escuchó una grabación con una meditación guiada, mientras que el otro recibió una presentación de aprendizaje de un idioma nuevo.
Después de escuchar las grabaciones, a los dos grupos se les mostró imágenes perturbadoras (como un cadáver sangrando) mientras se registraba su actividad cerebral.
La meditación parece atenuar las emociones
Los resultados del experimento mostraron como la exposición a la sesión de meditación pareció ayudar al cerebro emocional de las participantes a recuperarse rápidamente tras ver las fotos, sugiriendo que la meditación atenuó las emociones negativas de los participantes que la escucharon.
El autor del estudio piensa que estos resultados muestran que la meditación puede mejorar la salud emocional y que cualquier persona puede  conseguir estos beneficios tras su práctica.
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¿Te apuntas?

sábado, 9 de enero de 2016

¿Quieres una dieta efectiva? Dieta emocional: mindful eating

Mindful Eating: Los expertos dicen que las dietas fallan por no tener en cuenta los aspectos emocionales de la comida
Mucha gente se hace el propósito cada año de perder peso, y aunque las intenciones son buenas, muchas veces los resultados no lo son tanto.
Además se ha estimado que sólo el 8 por ciento de las personas que hacen propósitos para el año que empieza los logran mantener.
Y por si fuera poco, incluso aunque se pierda peso al principio de una dieta, muchas veces el peso perdido regresa para quedarse (curiosamente es uno de tantos que puede volver a visitarnos por Navidad).
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Según Diane Robinson, neuropsicóloga y directora del programa de Medicina Integrativa del sistema de Salud de Orlando, en U.S.A., estos datos no son sorprendentes, ya que la mayoría de las personas se centra casi por completo en los aspectos físicos de la pérdida de peso, como la dieta y el ejercicio; sin embargo, hay un componente emocional en la comida que la mayoría pasan por alto y que no obstante, puede sabotear sus esfuerzos.
 
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Desde el programa citado se realizó una reciente encuesta a nivel nacional de más de mil personas y se encontró que el 31% de los americanos piensa que la falta de ejercicio es su mayor barrera a la hora de perder peso, seguidos por aquellos que piensan que el mayor obstáculo es la cantidad de comida ingerida (26%) y el esfuerzo requerido para llevar un estilo de vida saludable (17%). Un 12% argumentaba que su mayor barrera era el tiempo necesario para poder mantener el compromiso.
Curiosamente, sólo un 1%, pensaba que el bienestar psicológico fuese un factor. “Esto podría explicar por qué para tantos bajar peso se convierte en una batalla” decía Robinson. “Para perder peso y mantener los efectos a largo plazo, tenemos que hacer algo más que pensar lo que comemos, también necesitamos entender por qué comemos”.
Desde una edad temprana estamos unidos a la comida. A los niños muchas veces se les ofrece comida para consolarlos cuando están tristes o como recompensa por su buen comportamiento. Muchas celebraciones, como las cenas de Navidad, los cumpleaños, el día de San Valentín, etc., disponen la ingesta de comida como elemento central. Algunos olores de comidas concretas nos trasladan emocionalmente a determinadas épocas.
Las celebraciones y la comida es algo prácticamente inseparable.
Las celebraciones y la comida es algo prácticamente inseparable.
 
 
Conscientes o no, estamos condicionados a la ingesta de comida no sólo por necesidad, sino por confort. No es algo malo necesariamente, siempre que lo tengamos en cuenta y lo gestionemos adecuadamente.” Añadió Robinson.
Nuestro cerebro reacciona de la misma forma con otros placeres. Ya sea por el consumo de drogas, por un encuentro romántico o por una comida satisfactoria, el cerebro genera un neurotransmisor conocido como dopamina.
El problema comienza cuando la actividad que usamos como recompensa, o bien como amortiguador de ciertos eventos no deseados, es perjudicial para nuestro organismo o nuestros propósitos vitales.
Muchas personas crean el hábito de realizar determinadas conductas perjudiciales cuando se sienten estresadas, ansiosas, tristes o enfadadas: ya puede ser comer en exceso, fumar, beber, jugar, comprar y otras cosas que pueden convertirse en una adicción difícil de erradicar y cuya misión básica es permitir a la persona evadir o huir de una emoción. Como resultado algunas veces la persona se siente relajada realizando ese comportamiento, aunque otras veces entra en escena la culpa…
Darse cuenta de esto puede hacer que seamos más libres y capaces de elegir qué hacemos.
Diane Robinson nos propone las siguientes recomendaciones para ayudarnos reconocer la conexión emocional que mantenemos con la comida:
-Confecciona un diario con tus comidas diarias y tu estado de ánimo. Luego busca los patrones no saludables.
-Identifica las comidas que te hacen sentir bien y escribe por qué las comes, ¿te evocan algún recuerdo o crees que dependes de ellas para evitar sentirte mal?
-Antes de comer algo pregúntate si lo comes porque tienes hambre. Si no es así, busca la raíz emocional de esta conducta
Desde luego, esto tiene bastante que ver con el mindful eating. Hay quien puede reaccionar con pereza ante la idea de registrar cuándo, qué y por qué come, pero desde luego es una forma muy eficaz de ser consciente.
 
El objetivo es comer por hambre y no como forma de afrontar emociones
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El objetivo es comer por hambre y no como forma de afrontar emociones.
 
Quizás en algunos casos sea necesario plantearse la ayuda psicológica: si no tienes reparos a la hora de contratar a un entrenador personal, ¿por qué tenerlo entonces para acudir a la consulta de un psicólogo?.
Como dijo Diane Robinson “Si tratar de mantener tu cuerpo en forma no ha funcionado hasta ahora, puede ser el momento de intentarlo con tu mente”.
 

sábado, 22 de febrero de 2014

Pensar puede ser fácil o difícil



 Para poder hablar de la mente de una forma sencilla se pueden dividir los procesos mentales en procesos automáticos y procesos deliberados o controlados.
Los procesos automáticos serían aquellos procesos que funcionan sin mucho esfuerzo mental, mecánicamente; son procesos no controlados y que hacemos sin ningún esfuerzo o con un esfuerzo mínimo.

Dentro de estos procesos automáticos estarían por ejemplo los pensamientos “que nos vienen solos”; son pensamientos “intrusos” que parecen en nuestra mente, por pura asociación o relación con algún otro pensamiento, con algún estímulo del entorno o con alguna sensación física.
Por ejemplo, un día mientras paseamos por un parque podemos ver un niño que juega con su bicicleta de color rojo metalizado. Esta bicicleta puede asociarse con un recuerdo de nuestra infancia que a su vez nos trae una sensación física agradable que podemos interpretar como de seguridad y quizás al mismo tiempo nos deja un pensamiento relacionado con nuestro padre que fue el que nos enseñó a montar en bicicleta de dos ruedas.




Otras veces no tenemos muy clara la asociación que puede haberse producido para que nos venga a la cabeza un pensamiento determinado y si el pensamiento es un poco raro quizás esto nos preocupe (desde luego innecesariamente).
Todos estos pensamientos que “vienen solos” aparecen en nuestra mente por tanto sin ningún esfuerzo ni planificación por nuestra parte.
Estos pensamientos son los responsables de dificultades y síntomas como los miedos, fobias, obsesiones, adicciones, etc.
Si les otorgamos demasiada importancia o bien intentamos controlar infructuosamente su aparición completamos el círculo vicioso de la culpa y la ansiedad.
Hay gente que sufre por imaginar que asesina por ejemplo a su vecino; y yo me pregunto, si en vez de imaginarlo lo hubiera soñado ¿sufriría igual? Probablemente no. Entonces, ¿por qué sentir mayor culpa cuando lo imagina si el pensamiento emerge tan involuntariamente como en un sueño?



De todas formas los procesos (cognitivos) automáticos no sólo comprenden pensamientos, también incluyen sensaciones.
Imaginemos que estamos en nuestra casa descansando a mediodía después de almorzar y decidimos que queremos comer chocolate; nos levantamos del sillón en el que estábamos tan cómodamente sentados y vamos a la cocina a buscarlo.













Hemos empleado un esfuerzo físico en alcanzar nuestro ansiado objetivo, pero 
¿Qué nos ha llevado a tomar esta decisión?
Probablemente diferentes personas tendrían distintas respuestas, pero creo que la más común podría ser que nos ha venido a la cabeza una imagen relacionada con el chocolate junto con la agradable sensación de su sabor. Casi seguro que la sensación ha sido la mayor determinante en la conducta de levantarnos y dirigirnos a la cocina.
Ahora bien, ¿qué hubiera pasado si tras esa imagen y esa sensación nos hubiese venido una imagen nuestra con unos cuantos kilos de más y una sensación de asfixia? Pues que entonces nos hubiésemos enfrentado a un pequeño dilema.




Por otra parte también podríamos hablar de los procesos controlados o deliberados y que comprenden aquellos pensamientos que pensamos intencionadamente, como por ejemplo cuando queremos resolver un determinado problema o cuando tenemos que hacer un cálculo mental. Estas operaciones mentales deliberadas consumen mayor energía y nos cuestan más esfuerzo que las automáticas, de ahí que las practiquemos menos.
A todos nos pasa frecuentemente que queremos pensar sobre un tema determinado y cuando nos damos cuenta estamos pensando en algo que poco tiene que ver con nuestro objetivo.










En ambos casos podemos decir que estamos pensando pero en el primer caso nos cuesta esfuerzo ye en el segundo caso el pensamiento aparentemente "ha fluido" hacia nuestra mente por sí mismo.
Como sabemos tenemos una capacidad limitada para llevar a cabo procesos deliberados (por ejemplo, no podemos hacer una multiplicación compleja al mismo tiempo que tratamos de resolver una adivinanza).

Pero ¿qué ocurre cuando entran en escena ambos tipos de procesos?

Vamos a imaginar que debemos elegir entre un pecaminoso trozo de tarta de chocolate y una virtuosa manzana. Varios experimentos prueban que en términos estadísticos nuestra decisión será diferente cuando estamos sin usar nuestro pensamiento deliberado que cuando estamos usándolo.










Si al mismo tiempo que nos piden que recordemos siete dígitos de memoria nos dan a elegir entre los dos alimentos lo más probable es que nos decidamos por la tarta.
Esto indica que el Autocontrol es un proceso deliberado y que como tal, está muy limitado cuando estamos realizando otro proceso deliberado como el de recordar un número tan grande.

Esto que acabo de exponer tiene muchas implicaciones y una de ellas es la siguiente:

¿Qué ocurre cuando estamos muy preocupados con un asunto?


Pues que no paramos de darle vueltas y más vueltas, con un proceso mental deliberado que consume capacidad mental y energía. Según lo que acabamos de decir, nuestro autocontrol en este estado sería muy pobre, con lo cual, es probable que cuando estamos estresado por algún motivo realicemos conductas poco saludables, como beber en exceso, comer alimentos con cantidades excesivas de grasas, fumar o  a veces  simplemente tener comportamientos arriesgados (por ejemplo al volante).



Esa es una de las causas de que el estrés afecte negativamente a nuestra salud ya que promueve conductas poco saludables: el estar rumiando nuestras preocupaciones disminuye nuestra capacidad de evitar comportamientos de riesgo.

Así que ya sabes,  si estás a dieta o dejando de fumar o bien intentando abandonar cualquier hábito procura no preocuparte ya que ese esfuerzo mental te hará más débil frente a las tentaciones.