lunes, 1 de julio de 2013

EL MÉTODO DEL JUEGO INTERIOR DEL TENIS



Tras la publicación de su primer libro Timothy Gallwey fue retado por un programa americano para demostrar en vivo que podía enseñar a una persona que nunca había jugado al tenis a hacerlo a un nivel superior al de un principiante y así lo hizo.
En el vídeo podemos observar a una señora de mediana edad llamada Molly, quizás no con el atuendo más apropiado, a la que Gallwey en un principio permite que juegue sin ningún tipo de indicación, y tras enseñarle con su método consigue un resultado más que espectacular teniendo en cuenta las circunstancias.
Gallwey, al observar la tensión que acompañaba al intento de juego de Molly le dijo primero que  cada vez que la pelota botara dijera en alto "bote" y cada vez que le diera gritara "golpe", independientemente de dónde fuera a parar la pelota. 
Con estas instrucciones consiguió que Molly se despreocupara de su entorno y se concentrara solamente en la pelota de modo que sólo estuviera jugando lo que él llamaba el Yo número 2, y quedara anulado el Yo número 1, ese Yo crítico y boicoteador que no nos hace ningún bien en ninguna de las acciones que emprendemos.

Posteriormente Gallwey le dijo que se concentrara sólo en la pelota y por último le enseño el saque como una especie de danza que podía ejecutar mientras cantaba mentalmente, y aquí se muestra el resultado.




En el vídeo podemos observar a un joven Timothy Gallwey demostrando la eficacia de su método de atención y concentración en el momento presente. 
Posteriormente, el método de Gallwey ha evolucionado y se ha extendido hacia diferentes campos como el coaching para ejecutivos.

sábado, 22 de junio de 2013

LA VOZ INTERIOR



 Hemos dicho que construimos la realidad, pero ¿cómo lo hacemos?
Se piensa que de múltiples formas y que casi todas ellas pasan inadvertidas a la conciencia.
Una de las maneras es a través del lenguaje. Todos hemos experimentado más de una vez una voz interior que “aparece” en determinados momentos. No me refiero a una voz interior de sabiduría o espiritualidad precisamente, sino a una voz que a veces se presenta por las mañanas cuando nos miramos al espejo o bien comenta nuestros resultados tras determinadas actuaciones.






El contenido de esa voz varía según las personas que la experimentan y según las situaciones; algunos oyen frases parecidas a “siempre eres el mismo”, “nunca llegarás a nada” quizás después de pensar algo, o bien frases del tipo “qué malo eres” o “qué porquería…” mientras hacen algo que requiera cierta pericia como jugar al pádel o pintar un cuadro.

Emile Coué pensaba allá por 1913 que el contenido de esa voz era importante y que el modificarlo a voluntad utilizando la frase: “día tras día, en todos los apectos, me va mejor y mejor” podía provocar resultados en la actitud y por tanto en la conducta de las personas que se decían esa frase diariamente.

Desgraciadamente, los detractores de Coué acabaron con el coueismo mediante difamaciones y burlas.










Son varios los que han venido después de Coué y que apoyándose en la llamada psicología positiva han tratado de mejorar el ánimo de las personas con procedimientos de este tipo.
Sin embargo me gustaría referirme a alguien que en 1974 defendía otra postura diferente y quizás más original; hablo de Timothy Gallwey y su libro “El juego interior del tenis”. 




En este libro Gallwey proponía a partir de sus experiencias como pedagogo y profesor de tenis dos tipos de Yo:
El que él llamaba Yo número 1, que coincidía con un yo que producía las voces de autocrítica cuando el jugador erraba el tiro, y el Yo número 2, que era el yo que realmente jugaba y disfrutaba.
Según Gallwey el Yo número 1 está siempre entrometiéndose y criticando el juego del Yo número 2, haciendo que éste se distraiga y el jugador no dé todo lo que es capaz de dar.



¿Y cuál es el remedio que propone para evitar la voz autocrítica?
Pues no es crear una voz positiva, sino hacerla desaparecer; concentrarse en la trayectoria de la pelota o imaginar dónde se espera que se dirija tras el golpe son las maneras propuestas de evitar escuchar la voz inquisitiva.




T. Gallwey observó como llevando a cabo estas estrategias se concentraba definitivamente en su juego y ganaba en eficacia y en disfrute, y así enseñaba tenis a los principiantes, de forma que estos lograban espectaculares resultados en muy poco tiempo.
Realmente este libro defendía el contenido de una frase muy escuchada: “Vive el presente”.




El libro de “El juego interior del tenis” es el libro de mayor éxito de T. Gallwey, pero tras éste escribió también “El juego interior del golf” y “El juego interior de la música”.
Se ve que luego cayó en la cuenta de que no sólo leen los que no dan un palo al agua y escribió también “el juego interior del trabajo” y “el juego interior del estrés”.

domingo, 2 de junio de 2013

LA CONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD

Hasta ahora hemos hablado de la influencia de los genes y del cerebro en la conducta pero gran parte del mérito de nuestra conducta la tiene el entorno.
El medio en el que estamos influye poderosamente en la realidad que percibimos o más correctamente, sobre la realidad que construimos.















Que nosotros construimos la realidad en cada momento es un hecho, y quizás los mayores indicios de esta construcción sean las ilusiones.
Las ilusiones son autenticas creaciones de nuestra mente, que a la hora de interpretar la realidad establece los filtros e interpreta la información que nos llega del exterior de la manera más útil, más funcional (al menos la mayoría de las veces).













Un ejemplo de estas ilusiones, que todavía no está claramente explicado es la Ilusión de la Luna.






Esta ilusión la hemos experimentado todos cuando hemos observado la luna en el horizonte con un determinado tamaño y al rato la hemos visto más alta en el cielo con un tamaño mucho menor.





Hay diferentes explicaciones de este fenómeno aunque de momento ninguna ha quedado como la única, aunque lo que sí está aceptado es la influencia del contexto.
Normalmente cuando vemos la luna en el horizonte suele estar acompañada de la silueta de alguna montaña, de algún edificio, del mar, de una persona; diferentes elementos que quizás sirvan para interpretar la lejanía de la luna, o tal vez para darnos una idea por contraste de su gran tamaño, pero lo cierto es que la vemos mucho mayor que cuando se encuentra en lo alto del cielo.




















Para probar que es una ilusión óptica hay varios "trucos". Uno sencillo consiste en intentar tapar con las manos la visión de los objetos que rodean la luna (las montañas, los árboles, edificios, etc.) con lo que automáticamente veremos la luna a un tamaño más parecido al que apreciaríamos si la luna estuviera en lo alto del cielo.
Otra forma quizás un tanto más excéntrica puede ser abrir las piernas, meter la cabeza entre ellas (siempre refiriéndome a las piernas y la cabeza de la misma persona, ojo) y mirar la luna.








Durante unos instantes, antes de identificar los objetos que rodean a la luna veremos ésta a un tamaño menor.

Curioso, ¿verdad? Esto puede darnos una idea de hasta que punto al construir nuestra realidad nos fabricamos también nuestras propias ilusiones…o nuestros propios límites…o nuestros propios problemas…o retos. 

Y al igual que con la luna hay maneras de cambiar lo que vemos tapando algunas cosas, fijando nuestra atención en otras, cambiando la perspectiva,…muchas veces pasa lo mismo con lo que nos encontramos cada día en nuestra vida.











sábado, 25 de mayo de 2013

Yo tengo estos genes, ¿y tú?





Hemos hablado del cerebro y su relación con el comportamiento, pero un factor  muy importante en la determinación de la conducta son los genes.





¿Sabías que si eres portador de determinados genes, la posibilidad de que cometas un delito violento aumenta  nada menos que en un 882 %?
Según las estadísticas del Departamento de Justicia de EEUU si eres portador de estos genes, tienes 8 veces más probabilidades  de cometer una agresión con daños físicos graves, 10 veces más probabilidades de cometer asesinato, 13 veces más probabilidades de cometer robo a mano armada y 44 veces más probabilidades de cometer una agresión sexual.


El 98,4 % de los presos que están en el corredor de la muerte son portadores de estos genes y más o menos la mitad de la población humana es portadora de esos genes, con lo cual es potencialmente mucho más peligrosa que la otra mitad.



¿Aún no sabes en qué mitad estás?





Pues esos genes  son los que están englobados en el llamado cromosoma Y, y si eres portador... es que eres un hombre.












domingo, 19 de mayo de 2013

LA AMIGDALA




Y es que actualmente se piensa que en la estructura cerebral llamada amígdala (almendra) está ubicada la memoria emocional y que juega un importante papel en las respuestas de ansiedad ante estímulos externos.
Cuando por ejemplo nos encontramos con algo o alguien que nos asusta (una serpiente, un amigo bromista, un ruido fuerte e inesperado…), la respuesta emocional se inicia en la amígdala antes de ser conscientes de qué es exactamente lo que nos ha causado el susto. Es esto lo que provoca el sobresalto inicial antes de identificar exactamente si la causa de la sorpresa es peligrosa o por el contrario no era necesario la reacción exagerada que hemos tenido.

















La memoria emocional puede heredarse o bien puede adquirirse por aprendizaje como en el caso de las fobias., donde la reacción de ansiedad generada por el estímulo fóbico (serpientes, conducir, ascensores, alturas,…) es generada a partir de la amígdala y provoca las reacciones de miedo y huida con pocas posibilidades de ser controladas voluntariamente.





La terapia para tratar las fobias llamada Desensibilización Sistemática trata de emparejar estados placenteros como el de la relajación con el objeto o situación causante de la fobia; sería como reeducar a la amígdala transmitiéndole que esos estímulos ya no deben causar miedo.










sábado, 18 de mayo de 2013

EL CEREBRO


Además de las diferentes sustancias químicas que intervienen a nivel de las neuronas del sistema nervioso sobre nuestro comportamiento, existen otros factores que pueden influir en él .
Estos factores, en principio difíciles de determinar, pueden provocar cambios dramáticos en el comportamiento de las personas.
Tal es el caso por ejemplo de Charles Whitman, que el 1 de agosto de 1966 protagonizó una matanza desde una torre de la Universidad de Texas, Austin.














Whitman mató a 3 de sus víctimas dentro de la torre de la universidad, y a 12 más disparando desde el mirador de la torre. Dos de las personas heridas fallecieron en los treinta días siguientes, por lo que en total causó 19 víctimas mortales.

Una vez abatido Whitman, la policía averiguó que previamente había asesinado también a su madre y a su mujer.
Whitman era el mayor de tres hermanos, sobresalía en sus estudios y era muy apreciado por sus compañeros y vecinos; había sido boy scout, marine y cajero en un banco, sin embargo unos meses antes de la matanza había escrito en su diario que pensaba que algo había cambiado en su cerebro.
Una parte de su nota de suicidio decía:
No entiendo muy bien qué es lo que me obliga escribir esta carta. Quizás es para dejar alguna vaga razón por las acciones que recientemente he hecho. Realmente no me entiendo estos días. Se supone que debo ser un hombre razonable e inteligente. Sin embargo, últimamente (no puedo recordar cuándo comenzó) he sido víctima de muchos pensamientos inusuales e irracionales.

Una vez le hicieron la autopsia descubrieron que así había sido, su cerebro presentaba un glioblastoma del tamaño de una moneda que le comprimía la estructura cerebral llamada amígdala.











El documento decía que esta lesión "posiblemente podría haber contribuido a su incapacidad para controlar sus emociones y acciones."










domingo, 12 de mayo de 2013

MI COZ IRA CONTIGO




Milton Erickson era un maestro de la persuasión, tal como indican los casos descritos en el libro "Y mi voz irá contigo". 




Él sabía que la conducta era función de múltiples factores entre los cuales la conciencia quizás era el último y menos importante.



Actualmente se piensa que la conciencia se dedica a crear explicaciones a posteriori de muchas conductas propias, realmente causadas por automatismos aprendidos o bien por instintos que proceden en última instancia de la información grabada en nuestros genes.
En otras ocasiones la conducta está motivada por sustancias químicas ajenas al organismo tal como podemos comprobar después de la ingestión de determinada medicación o de sustancias tóxicas, tales como el mercurio.
De hecho, la conducta causada por la intoxicación de mercurio es muy similar a la motivada por la fobia social.
La perturbación psíquica conocida como eretismo es el primero de los síntomas a desarrollar, es una forma peculiar de timidez más evidente en la presencia de extraños. El nombre se deriva de la palabra griega ‘rojo’ y se atribuye a la vergüenza de ruborizarse del que  la sufre. John Pearson de Londres (1758 – 1826) dio por primera vez el nombre eretismo al complejo de síntomas (Almkvist, 1929). El afectado se altera fácilmente y se avergüenza, pierde toda la alegría en la vida y vive en constante temor de ser despedido de su puesto de trabajo. Tiene un sentido de la timidez y puede perder el control de sí mismo ante los visitantes.
Estos síntomas fueron observados en los fabricantes de sombreros del siglo XVIII y XIX. Usaban nitrato de mercurio para trabajar las pieles, lo que hacía que se intoxicaran y exhibieran esos síntomas además de otros como temblores, estomatitis, irritabilidad, depresión, insomnio, dolor de cabeza, fatiga, pérdida de memoria etc. Por eso también se le llamó “enfermedad del sombrerero loco”.