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sábado, 18 de julio de 2015

¡Internet está acabando con mi paciencia! ¡Y con la tuya!

Las nuevas tecnologías de comunicación (móviles, tablets y ordenadores con internet) están acabando con la incómoda sensación que suele producir una situación a la que nos enfrentamos con frecuencia desde que nacemos: la Espera.
Cuando somos niñ@s no queremos esperar, creemos que podemos tenerlo todo ya y protestamos cuando no es así. Luego, la vida nos va enseñando lo que es la espera y lo inútil o perjudicial de la desesperación.
 
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La tecnología en general hace que nuestra vida sea más cómoda y que los tiempos de espera para todo (viajar, cocinar, comunicarnos, etc.) se reduzcan.
Ya no tenemos que esperar a que una persona esté en su casa cerca del teléfono fijo para poder hablar con ella, las lentejas ya no tardan dos horas a fuego lento en cocinarse (ni a fuego rápido, porque ya no hay ni fuego), no esperamos por una carta durante días pues el correo electrónico es prácticamente inmediato y el whatsapp ni digamos.
 
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Las tareas de investigación se han acelerado con Internet, pues con un buen buscador encontramos miles de referencias sobre el tema deseado.
Todo esto es muy positivo, pero la cara semioculta es que, sobre todo en las generaciones que sólo conocen la “era postmóvil”, la paciencia languidece y agoniza, pues ¡se quiere todo y ya!
Los adultos han aprendido, a través de su educación o de las necesidades que la vida les ha “regalado”, que para obtener las cosas antes hay que ganárselas mediante el esfuerzo. Dentro de ese esfuerzo muchas veces se encuentra la paciencia, esa virtud que comprende el aceptar la espera como parte del camino.
Sin embargo muchos jóvenes que no conviven con determinadas necesidades pues disponen gratuitamente de muchas cosas y medios, no han aprendido esa lección, y tratan de obtener todas las cosas como hacen con cualquier recompensa a corto plazo.
La espera y la frustración producida al ver que esto no es posible muchas veces les conduce por caminos que conducen a auténticos infiernos de difícil salida: adicciones para huir de la confusión, del vacío y de la desesperación.
 
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Ciertamente Internet contribuye a todo esto y, no con su granito de arena, sino al menos con media playa.
Pero los efectos tienen lugar sobre todos los usuarios en general. De hecho, una investigación de Onepoll con una muestra de 2000 adultos citada en la revista británica Stylist, refleja que uno de cada dos británicos se ha vuelto más impaciente en los últimos cinco años, con una tercera parte que admite no tener paciencia en absoluto:
Se espera hasta 10 segundos para que cargue una página web, 16 segundos por que cargue un vídeo y hasta 5 minutos para ser servidos en un bar antes de irse.
En el coche durante un atasco, se pierden los nervios a partir de los 13 minutos.
 
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Muchas colas son recuerdos del pasado
 
 
Créeme, conviene leer el artículo, pues aparecen los diferentes tiempos medios que la muestra del estudio “aguantaba” antes de perder la paciencia.
 
 
Eso siempre y cuando, claro está, nuestro interés nos permita leerlo hasta el final sin impacientarnos.


 

viernes, 3 de octubre de 2014

A veces puede ser útil detenernos unos instantes, respirar, mirar a nuestro alrededor y ser conscientes de hacia dónde vamos

Hace tiempo leí en algún libro una frase que decía algo así como que es triste subirte a una escalera con gran esfuerzo, mirar alrededor y descubrir que esa escalera no es la tuya.

Bueno, dependerá también del tiempo invertido en subir, no crees?




En cualquier caso, sabemos que aprendemos a base de errores, y, mientras quede tiempo para bajarse de esa escalera y tratar de subirse a otra, tampoco creo que sea necesario deprimirse…


Podemos observar una situación parecida en la siguiente escena de la película de Jose Luis Garci "Verdes Praderas". Vi esta película hace muchos años, y sólo se me quedó grabada la escena en la que un genial Alfredo Landa representa a un hombre de mediana edad que acaba de tener un "insight", es decir, de descubrir algo realmente trascendente en su vida. 





Bueno, creo que la cosa tampoco es para ponerse así...lo importante es que al menos ha dejado por fin de esperar y ha decidido que "su vida" ha llegado. Ahora que es consciente, tiene la posibilidad de cambiar algo…si es que quiere.

Philip Zimbardo usaba en su interesante libro "La Paradoja del Tiempo" una metáfora que me parece muy ilustrativa; decía algo así como que...

…en ocasiones conviene dejar de nadar hacia nuestra meta durante unos momentos y sacar la cabeza del agua…Esos valiosos instantes pueden servirnos no sólo para descansar, sino sobre todo para observar si vamos en la dirección correcta.

¿Has sentido alguna vez la necesidad de detenerte y mirar a tu alrededor?