domingo, 26 de abril de 2015

¿Tienes hij@s que no estudian ni trabajan y no sabes qué hacer con ellos? Quizás te ayude leer esto.

 
¿Será que el cuento de la cigarra y la hormiga ha cambiado? ¿Será que ahora hay padres hormiga que tienen hijos-cigarra?

 


Es posible. En el cuento la hormiga trabajaba durante el verano para poder alimentarse durante el invierno, sin embargo la cigarra se pasaba el día disfrutando del ocio, sin hacer nada productivo.

 


El cuento termina con una hormiga satisfecha que recuerda a la cigarra que no ha trabajado cuando debiera y que por tanto ahora, en las duras condiciones climatológicas del invierno, no podrá alimentarse.


El eterno dilema entre la satisfacción a corto o a largo plazo.

 
Pero, ¿Acaso a algún padre le ocurre esto con sus hij@s?


Parece ser que sí, que hay hijos que no entienden o no quieren entender los consejos de sus padres cuando les “sugieren” que estudien o trabajen y deciden dedicarse al ocio como actividad fundamental.



En principio da la impresión de que pretenden ser hijos eternos mientras pernoctan, se alimentan y algunos, incluso reciben un sueldo, a cargo de sus progenitores.

Las voces de sus padres, que les advierten del peligroso futuro que se les avecina si continúan de esa manera caen en el vacío. Hay padres que se desgastan tratando de reconducir a sus hijos por la senda de la productividad. Les animan para que estudien o busquen un trabajo con el que poder emanciparse, pero aparentemente eso no entra en sus planes.



 

¿Qué hacer, entonces?

Algunos padres continúan día tras día y año tras año con las mismas estrategias, con la esperanza de que quizás algún día su hij@ cigarra querrá ser hormiga…y bueno, es posible que lo consigan, aunque probablemente a base de un esfuerzo titánico.



Pero, ¿Por qué l@s hij@s no quieren trabajar?

 
Pues porque no lo necesitan: muchos de ellos disponen de “asignaciones” que les permiten disfrutar de móviles, tablets, ordenadores, ropa de marca, coches,  poder salir de fiesta, ir al gimnasio, etc., y todo ello, sin el más mínimo esfuerzo. Ni siquiera necesitan irse de casa para tener intimidad con su pareja.

De esta forma, ¿quién no querría ser cigarra?

 

 
Por tanto, queridas hormigas, si quieren que sus hij@s sean de su misma especie, les recomiendo empezar por crearles la necesidad, con mucho cariño; Si las palabras premonitorias no bastan, será porque necesitan vivir la experiencia por sí mismos, y cuanto antes, mejor.

Al final del cuento la hormiga podría decirle a la cigarra algo así como:

“Te quiero, y como quiero ayudarte…se acabó el móvil, el gimnasio, internet, las fiestas, el coche y el dinero hasta que no estudies o trabajes como una auténtica hormiga”.

 

Por cierto, que parece ser que este cuento deriva de un antiguo cuento sufí en el que la cigarra realmente era una libélula, que acaba sus días de forma dramática, perdiendo literalmente la cabeza.

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