viernes, 26 de diciembre de 2014

¿Crees que es útil hacer propósitos para el año que empieza?

Imagino que sí…hay mucha gente que, como si de empezar a escribir en una libreta en blanco se tratara, se propone para el nuevo año comenzar una serie de tareas que en ocasiones puede “rayar en lo espartano”. Así hay quien se propone dejar de fumar al mismo tiempo que empezar a ir al gimnasio, hacer dieta, acudir a cursos, etc.
Como suele decirse, el papel aguanta todo lo que se escribe
Como suele decirse, el papel aguanta todo lo que se escribe
Supongo que no hay nada de malo en ello, sobre todo mientras los propósitos sean concretos y se refieran a conductas o comportamientos. En mi opinión, existiría un problema si lo que se desease cambiar no fuera la conducta, sino un atributo personal:
Es más fácil cambiar “la forma de estar, que la forma de ser”; hay quien por ejemplo se fija como propósito para el nuevo año “ser ordenado”, aún a sabiendas de que anteriormente, año tras año, se ha encontrado con obstáculos que le han impedido serlo. Quizás sea más adecuado proponerse ordenar algo en concreto, es decir, proponerse una determinada ACCIÓN, mejor que un cambio de personalidad.
Hoy en día es conocido el hecho de que los objetivos inmediatos, mientras más concretos mejor, pero en este post no sólo me refiero a eso…lo que digo es que si el objetivo es una acción, tiene muchas más probabilidades de alcanzarse que tratar de cambiar nuestra forma de ser.
Como dijo una vez un maestro de la Terapia Estratégica: “Si eres un Samsung eres un Samsung…si eres un iPhone eres un iPhone. Te puedes bajar aplicaciones similares, pero seguirás siendo el mismo teléfono”.
Otra forma de explicarlo es que para poder cambiar una conducta, primero tendrás que aceptarla; es decir, acepta que la llevas a cabo para que puedas ser consciente de ella y, por tanto, libre de cambiarla.
Cuando no asumimos que nos comportamos de una determinada forma, interpretamos la realidad a nuestra conveniencia, inventando excusas para justificar nuestra conducta.
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Nuestro Alter Ego deja de serlo una vez que le damos la bienvenida
Todavía más importante, si no aceptamos que habitualmente fracasamos en algo, nunca podremos esforzarnos en aprender a hacerlo exitosamente. Debemos ser humildes para poder mejorar, y reconocer que nos equivocamos, como humanos que somos, para poder aprender a acertar.
Tal como dijo el maestro zen japonés Suzuki Roshi: “Son muchas las posibilidades que se abren ante la mente del principiante, pero muy pocas las que se presentan a la mente del experto”.
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Así pues, mi recomendación es que antes de hacerte un nuevo propósito, primero asegúrate de que es una acción, y luego, acepta que hasta ahora, no has sido capaz de llevarla a cabo.
Hazte responsable de tu conducta y serás libre para cambiarla.

Cómo evitar el estrés producido por la Atención Parcial Continua

Hay personas que sienten la necesidad compulsiva de estar continuamente conectada a las nuevas tecnologías de comunicación, a través de móviles, tablets, ordenadores, y se dedican con frecuencia a leer alternativamente whatsapps, mails, twitters, posts en facebooks, en blogs, noticias en prensa y revistas digitales, etc.
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Linda Stone, escritora y consultora, ex-empleada de Apple, definió en 1998 la atención parcial continua como el proceso de cambiar nuestro foco de atención de una fuente de información a otra, de forma continua y superficial.
Linda Stone
Linda Stone
Responde a la necesidad que tienen cada vez más personas de estar conectadas, de no perderse nada, de estar alerta para poder acceder a las mejores oportunidades, actividades, contactos, etc.
Linda asegura que la atención parcial continua es buena en pequeñas dosis, debido a que es una conducta funcional (útil). Sin embargo, en dosis más elevadas, contribuye a una vida estresante, y lo que quizás es más importante, compromete la habilidad de reflexionar, de tomar decisiones y de pensar de forma creativa. Por otra parte, puede contribuir a un sentimiento de estar desbordado, sobreestimulado y vacío.
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También propone que para atenuar los efectos de este tipo de atención, -además de la obvia pero complicada solución de utilizar de forma moderada las modernas tecnologías de comunicación-, es necesario RESPIRAR.
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Según Stone, cuando por ejemplo nos disponemos a abrir nuestro correo electrónico, aguantamos durante unas milésimas nuestra respiración sin darnos cuenta (a esto lo denominó apnea de email en el 2008); es por ello, que si somos capaces de ser conscientes de esto y en ese momento mantenernos respirando, la respuesta de estrés se minimiza.
Por otra parte, algo que sin duda puede ayudar a moderar el uso de estas tecnologías que atrapan parcialmente nuestra atención es realizar actividades que atrapen nuestra atención por completo.
En mi opinión esto es lo mejor que podemos hacer siempre, suframos el síndrome de atención parcial continua o no, pues las actividades que atrapan por completo nuestra atención son las que sin duda contribuyen a que tengamos una vida más satisfactoria, tal como afirmaba hace ya bastantes años Mihalyi Csikszentmihalyi en su libro “Fluir: una psicología de la felicidad”.
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Nada como una pasión para atrapar por completo nuestra atención.
Pon todas las que puedas en tu vida.

domingo, 16 de noviembre de 2014

¿SABES QUÉ ES AQUELLO QUE A VECES HACEMOS EN EL PRESENTE PARA PODER VER EN UN FUTURO Y PENSAR EN EL PASADO?


Pues sí, la respuesta es, sacar una foto.
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Sacamos una foto ahora, pensando en que más adelante nos gustará recordar lo que ocurrió o lo que sentimos en ese (este) momento
Visto desde esta perspectiva cronológica, es algo bastante alejado de estar en el aquí y ahora, de vivir el presente.
En no pocas ocasiones tomamos una foto pensando en que dentro de semanas o meses querremos contemplarla mientras recordamos este momento presente (bueno, lo que en ese momento futuro será el pasado).
No siempre es así, ahora que la fotografía está al alcance de todos, los propósitos con los que miramos a través del objetivo son de lo más diverso; a mi se me ocurren algunos motivos más:
-Para tratar de “inmortalizar un momento”; es decir, para intentar retener en el tiempo un instante determinado, por su trascendencia o significado. Son momentos que ahora no queremos olvidar. La pregunta es si sentiremos lo mismo en el futuro cuando contemplemos la fotografía.
Inmortalizar a alguien a través de la fotografía
¿Se puede inmortalizar a alguien a través de la fotografía?
-Para hacer partícipes a otros de lo que estamos viviendo nosotros ahora. Esto puede ser porque seamos tan generosos que queramos compartir nuestra dicha y la emoción que sentimos con aquellos que no tienen la suerte de estar viviendo lo mismo, o bien por motivos menos altruistas, quizás porque lo que queremos compartir con los demás es la información de que no tienen la suerte de estar viviendo lo mismo que vivimos nosotros ahora.
El selfing ¿Qué crees que lo motiva?
El selfing ¿Qué crees que lo motiva?
-Para informarnos a nosotros mismos y/o a los demás de lo diestros que podemos llegar a ser en este arte o en el manejo del photoshop o programas similares.
Podemos pasarnos con el photoshop
Podemos pasarnos con el photoshop
-Para buscar la risa de los demás o la propia en el futuro adoptando poses “curiosas” en lugares emblemáticos.
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-Etcétera por que hay gente para todo…
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Sin embargo, aparte de la capacidad de la fotografía para jugar de esta manera con el tiempo, también tiene gran facilidad para robárnoslo. Cuántas veces hemos tratado de retener un atardecer en el que el cielo nos regalaba mezclas de colores fascinantes y buscando plasmar una foto alucinante nos hemos quedado sin disfrutar de cómo han ido poco a poco cambiando sus matices e intensidad los colores de las nubes y el cielo. Cuántas veces se nos ha escapado algo importante por estar controlando el flash, el diafragma, el obturador, el modo de exposición, etc.
Una fotografía puede evocar sentimientos si estamos dispuestos a ello
Una fotografía puede evocar sentimientos si estamos dispuestos a ello

¿Verdad que te es familiar ver un grupo de turistas con cámara en mano sacando fotos a todo lo que no se mueve? Y no tienen por qué ser japoneses…
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No es que no valore la fotografía, me encanta. Pero creo que desgraciadamente a veces usamos la excusa de hacer una foto para actuar de la misma forma que en muchas ocasiones: perdiéndonos el presente por pensar en el futuro o en el pasado. Muy frecuentemente vivimos en nuestras cabezas en lugar de en el mundo exterior. La mayoría de las veces nuestra atención está en pensamientos sobre el mañana o el ayer, y pocas veces en la percepción del hoy.
No es por casualidad que Stephen Hayes, uno de los profesionales con mayores aportaciones a la Terapia de Aceptación y Compromiso y Midfulness, haya titulado uno de sus libros “Sal de tu mente, entra en tu vida”.
Por cierto, a mi las fotos que más me gustan son las que sólo sirven para recrearme mirándolas, sin photoshop u otros artefactos, como las que siguen, ¿Qué te parecen?
La Gruta Azul en la isla de Capri
La Gruta Azul en la isla de Capri
montaña dantun taiwan
La montaña Dantun en Taiwan
El Valle de la Luna en Chile
El Valle de la Luna, en Chile

La cueva Reed Flute en Guilin, China
La cueva Reed Flute en Guilin, China

Los lagos Band-e Amir en Afganistán
Los lagos Band-e Amir en Afganistán

domingo, 9 de noviembre de 2014

¿Es de locos hablar solo?


















La respuesta a esta pregunta debe ser un no rotundo, pues prácticamente todos lo hacemos. Es cierto, decimos habitualmente que alguien está borracho, o bien que no anda muy cuerdo, cuando lo vemos hablando solo. Sin embargo, para ser más correctos, deberíamos decir que nuestra conclusión proviene de que hemos visto a esa persona hablando en alto.
Realmente todos nos pasamos la vida hablando con nosotros mismos, y digo nos pasamos la vida, porque lo hacemos continuamente. Basta que no tengamos nuestra atención puesta por completo en algún asunto para que empecemos a darle a la "lengua mental". Nos decimos cosas, nos desmentimos, nos mentimos, nos preguntamos, nos respondemos, nos damos órdenes, nos insultamos en ocasiones…y casi siempre involuntariamente.
Hablar sola es muy común
Hablar sola es muy común

Estos diálogos entre la misma persona nos impiden vivir el presente. Evocan recuerdos, anticipan el futuro y mantienen nuestra atención en todo menos en el aquí y el ahora. No saboreamos la comida mientras le damos vueltas en la boca si al mismo tiempo también le damos vueltas a lo que hicimos ayer; no nos recreamos con el olor de un perfumen cuando estamos tratando de adivinar qué marca es, no percibimos la belleza de un amanecer si miramos al cielo pensando en lo que haremos mañana…¿Qué más da lo que hagamos mañana si no vamos a estar allí? Bueno...nuestro cuerpo estará allí, pero nuestra mente estará en otro tiempo y en otro lugar.

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Como comentaba antes, si tenemos nuestra atención completamente puesta en algo, entonces sí que no nos hablamos. Algo que sea capaz de absorbernos por completo nos deja mudos. Puede ser leer un libro, ver una película interesante, pintar un cuadro, admirar un paisaje, resolver un problema de álgebra…todo lo que no sea repetitivo porque si lo es….Saz!!! nuestro cerebro pone el piloto automático, y nuestra mente empieza a divagar. A mi esto me recuerda a los ordenadores cuando tras varios minutos salta el salvapantallas…imágenes sin sentido que salen de cualquier lado y con cualquier dirección…como nuestros pensamientos.
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Hasta aquí lo habitual; pero la cosa puede empeorar. Hay personas que otorgan significado a estos pensamientos, y entonces es cuando realmente empiezan los problemas. Estos pensamientos intrusivos pueden ser molestos o desagradables, y si les prestamos demasiada atención, se volverán recurrentes.
Es el caso de pensamientos que producen miedo, vergüenza, pudor, asco, etc. Hay personas que al tratar de evitarlos, les confieren el poder de ser recurrentes y volver constantemente, pudiendo llegar a convertirse en obsesivos.
Una obsesión debe preocuparnos cuando empieza a ser limitante
Una obsesión debe preocuparnos cuando empieza a ser limitante
El remedio a este mal es hacer lo contrario a lo que se hace habitualmente, que es tratar de evitarlos, de expulsarlos de nuestra mente. Por tanto, la solución pasa por simplemente observarlos, permitirles entrar sin juzgarlos, sin interpretarlos, y por tanto, sin otorgarles significado.
Esto es lo que se practica por ejemplo en el mindfulness, un tipo de meditación cuyo objetivo es estar en el presente, sin más. Nada que hacer, nada que conseguir, ningún sitio al que ir, como diría un maestro.

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La Terapia de Aceptación y Compromiso emplea una metáfora para describir los efectos del diálogo interior, la metáfora de la radio. Viene a decir más o menos que todos tenemos una radio encendida; una radio que está siempre emitiendo mensajes. No ocurre nada si tan sólo la escuchas, pero los problemas pueden empezar si condicionamos nuestra conducta por los mensajes de la radio. Hay quien se para a mitad de su vida a escucharla sin hacer nada más, o incluso quien se dedica a discutir acaloradamente con ella…Qué cosas, ¿no?
Para ver una imagen de cine de alguien discutiendo con su radio, nada mejor que este trailer de la película The Pledge, del inigualable Jack Nicholson.




Bueno, si te ha gustado el post, puedes expresarte dándole a "Me gusta", así sabré que no he estado hablando (o escribiendo) yo solo :)

sábado, 18 de octubre de 2014

Cómo hacer cuando nos rompen los esquemas



George Kelly, psicólogo creador de la famosa teoría de los constructos, propuso lo que él denominó “la metáfora prodigiosa”. Según dicha metáfora, las personas actuamos como científicos informales, movidos por nuestro afán de predicción y control de la realidad, e, igual que ellos, procedemos reconstruyendo la realidad mediante procesos deductivos e inductivos.


Es decir, que continuamente estamos tratando de predecir y anticipar lo que va a ocurrir en un futuro, con un objetivo: controlar nuestro entorno.
Pero, ¿cómo predecimos? Fundamentalmente mediante la detección de patrones. De forma automática buscamos patrones de repetición en todo lo que ocurre, y esto ha sido así desde el principio de los tiempos: tras la oscura noche llega el luminoso día, tras el frío invierno llega la templada primavera seguida del cálido verano…, y así con todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Automáticamente nuestro cerebro toma nota de esto y lo almacena. De este modo, si los patrones se repiten, determinadas predicciones se cumplen, lo que indefectiblemente, nos proporciona seguridad.


Posteriormente, a partir de estos patrones, elaboramos guiones o esquemas mentales, que nos permiten actuar de forma mecánica y automática en las situaciones conocidas o esperadas. De este modo, tenemos un guión para actuar mecánicamente mientras conducimos, en el supermercado, cuando vamos al cine, etc. Estos guiones nos permiten ahorrar mucha energía física (y por tanto también mental) y gestionar nuestras reservas de forma eficiente.
Entonces, ¿qué ocurre en una situación de esas en que podríamos decir que “nos han roto los esquemas”?
Pues, lo primero, es que perdemos esa falsa sensación de seguridad que manteníamos hasta entonces. Y digo falsa porque lo es; de alguna manera asumimos que esos esquemas o guiones son eternos…¿pero quién nos ha contado eso? Si la vida es puro cambio…¿o no?



Una vez que nos encontramos sumergidos en el mar de la confusión en que nos deja una rotura de nuestro guión, buscamos desesperadamente una forma de salir de allí, una explicación causal, otro posible guión…
Si el acontecimiento es sólo ligeramente distorsionador, nos será fácil volver a crear un nuevo esquema, quizás modificando levemente el anterior, pero ¿y si el suceso es grave?
Este sería por ejemplo el caso de una rotura de la relación de pareja inesperada, ser víctima de un delito, una catástrofe natural…
Es entonces cuando pueden aparecer problemas, que pueden ir desde los denominados síndromes de adaptación hasta los llamados trastornos de estrés postraumáticos.




¿Cuál es la manera de resolver esto?
Evidentemente, quizás la primera y más fiable alternativa sea la de acudir a un profesional para que nos guíe en el camino de salida de esta perturbación.
Si esto no es posible, como método terapéutico recomiendo algo, que en principio puede parecer sencillo, pero que a veces cuesta mucho esfuerzo: escribir.


Se trata de escribir todo lo que nos venga a la cabeza sobre el acontecimiento, tanto los detalles, como los pensamientos y emociones asociados con el mismo. Si el suceso ha sido fuerte, escribir sobre él es muy duro, pero es una de las formas más eficaces de “digerir” o procesar cognitiva y emocionalmente lo que ha pasado.
Debemos escribir diariamente, hasta que percibamos que ya no nos queda nada más que escribir, que ya se ha digerido todo, que ya está bien…
Este método podría englobarse en diferentes enfoques: Terapia de Aceptación y Compromiso, Terapia Estratégica, Terapia Narrativa, …
Lo cierto, es que es especialmente útil en aquellas perturbaciones producidas por sucesos traumáticos que la persona no acaba de encajar (violaciones, guerras, catástrofes naturales, muertes inesperadas, separaciones, etc.)

viernes, 3 de octubre de 2014

A veces puede ser útil detenernos unos instantes, respirar, mirar a nuestro alrededor y ser conscientes de hacia dónde vamos

Hace tiempo leí en algún libro una frase que decía algo así como que es triste subirte a una escalera con gran esfuerzo, mirar alrededor y descubrir que esa escalera no es la tuya.

Bueno, dependerá también del tiempo invertido en subir, no crees?




En cualquier caso, sabemos que aprendemos a base de errores, y, mientras quede tiempo para bajarse de esa escalera y tratar de subirse a otra, tampoco creo que sea necesario deprimirse…


Podemos observar una situación parecida en la siguiente escena de la película de Jose Luis Garci "Verdes Praderas". Vi esta película hace muchos años, y sólo se me quedó grabada la escena en la que un genial Alfredo Landa representa a un hombre de mediana edad que acaba de tener un "insight", es decir, de descubrir algo realmente trascendente en su vida. 





Bueno, creo que la cosa tampoco es para ponerse así...lo importante es que al menos ha dejado por fin de esperar y ha decidido que "su vida" ha llegado. Ahora que es consciente, tiene la posibilidad de cambiar algo…si es que quiere.

Philip Zimbardo usaba en su interesante libro "La Paradoja del Tiempo" una metáfora que me parece muy ilustrativa; decía algo así como que...

…en ocasiones conviene dejar de nadar hacia nuestra meta durante unos momentos y sacar la cabeza del agua…Esos valiosos instantes pueden servirnos no sólo para descansar, sino sobre todo para observar si vamos en la dirección correcta.

¿Has sentido alguna vez la necesidad de detenerte y mirar a tu alrededor?



domingo, 28 de septiembre de 2014

En ocasiones algunas frases nos conmueven, mientras otras, en cambio, nos dejan impasibles, ¿no te has preguntado nunca por qué?


Muchas veces las frases que oímos nos “tocan la fibra sensible” y no sabemos por qué. El motivo suele quedar inconsciente, a no ser que tratemos de sacarlo a la luz.
Eso es lo que me ocurrió con una frase de Hunter S. Thompson que me enviaron hace unos días.
La vida no debería ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar seguro y hermoso en un cuerpo bien conservado, sino más bien derrapando en una nube de humo, totalmente agotado y desgastado, proclamando fuerte: ¡Wow, qué viaje!
Hunter S. Thompson

En un principio la frase me gustó tanto como para reenviarla, pero no me paré  a plantearme por qué hasta más tarde. Cuando lo hice saqué en claro que el motivo de que me llamara la atención es que, según mi interpretación, reflejaba una idea de “Carpe diem”, de vivir el presente, de “poner toda la carne en el asador”, de arriesgar por lo que valoramos, etc.
Claro, que esto como digo, es mi interpretación, y es algo que normalmente ocurre cuando alguien lee una frase que ha dicho otro, la interpreta según sus propios esquemas.
Mis esquemas hicieron que esa frase evocase esa conocida obra del poeta griego Kavafis, quien nos sugirió que podíamos pensar en nuestra vida como en un viaje, de tal modo que el viaje más enriquecedor es aquel en que nos recreamos con lo que vamos viendo, aquel en que importa más el ir en una dirección que el alcanzar la meta.
Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,
Pide que tu camino sea largo,
Rico en experiencias,
En conocimiento...
... que sean numerosas las mañanas de verano
en que con placer, felizmente,
arribes a bahías nunca vistas...
Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta...
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años,
Y en tu vejez arribes a la isla con cuanto hayas ganado en el camino,
Sin esperar que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras aprendido...
K. Kavafis (1911)

Un viaje duro pero fascinante

La isla de Ítaca. Después de todo no estaría tan mal llegar joven, no?

Hay quienes pasan su vida como si tuviesen el objetivo final de llegar a algún sitio. No saben qué esperan, pero siempre esperan que ocurra algo; quizás esperan que llegue algo así como la parte del cuento infantil que dice “y fueron felices y comieron perdices”, pero eso nunca llega fuera de los cuentos. En realidad la vida es lo que ocurre antes de esa frase: las aventuras y tribulaciones que suceden a lo largo del tiempo, mientras unos esperan, y otros, quizás los menos,  se dedican simplemente a vivirlas, siendo más o menos conscientes de ello.
Ese fue el mensaje que capté con la frase de Hunter:
Vive ahora, apuéstalo todo por aquello que valoras, y no guardes nada para el final…Todos llegamos al final, antes o después, de una forma o de otra, pero lo verdaderamente importante no es eso, sino lo que ha pasado en el camino.

Claro, que habría que ver si Hunter S. Thompson, el autor de la frase, quería realmente decir eso, pues desde luego, él hizo LITERALMENTE lo que dijo. Parece ser que a los 67 años se quitó la vida de un disparo en la cabeza y sus restos mortales fueron lanzados por un cañón desde lo alto de una torre. Efectivamente debió llegar a su tumba algo desgastado y no muy hermoso…










sábado, 20 de septiembre de 2014

¿POR QUÉ NO COMEMOS CARNE DE CABALLO?


Hace unos meses mi hermano Kilian, que trabaja como jefe de sección de la carne en Alcampo, me dijo que comprara unos filetes de carne de potro que tenía en su lineal, que tenía buen sabor y era muy nutritiva.


Mi hermano Kilian




Un caballo despistado



Le contesté a mi hermano que no me apetecía, que me daba pena, que no quería promocionar que mataran a los pobres potros…a lo que él, con mucha lógica, me argumentó que si no me daban pena las terneras.
La verdad es que estuve pensando durante un tiempo que mi hermano tenía razón, pero aún así, había una parte mayoritaria de mi que no quería comer carne de caballo.
Pero, realmente…¿por qué no quería?



¿Era porque los caballos son más bonitos que las vacas? Y ¿qué pasa entonces con los corderitos y los lechoncitos? ¿y los cabritos?




La auténtica causa, en mi opinión, es nuestra organización del mundo, esa creación propia que llamamos realidad, junto con los guiones o esquemas que poseemos en nuestra mente y que nos sirven para saber cómo comportarnos ante situaciones conocidas sin tener que estar malgastando mucho esfuerzo mental en cada situación en la que nos encontramos.
Para explicarme pondré varios ejemplos en los que, de forma automática, nos dejamos guiar por esos repertorios.
Cuando vamos al teatro, por ejemplo, sabemos que habitualmente, tendremos que comprar la entrada, acceder al teatro, buscar nuestro asiento, sentarnos en la butaca y esperar a que empiece la función.
Cuando vamos a un restaurante, sabemos que debemos pedir mesa, sentarnos, mirar la carta, elegir la comida, esperar por ella, comer, y por último, pagar la cuenta. Si durante la comida vamos al servicio, sabemos que tenemos que ir al que nos toca en función de si somos hombre o mujer, y no se nos ocurriría ir al otro, a no ser que nos estuviéramos ante una urgencia. No se nos ocurre ir al servicio del otro sexo porque nuestro comportamiento suele ser automático, no consciente, y por tanto no estamos pensando en lo que hacemos, ni analizando nuestra conducta. Por el contrario, estas secuencias de actos automáticos nos permite utilizar nuestra energía mental en pensar en otras cosas, que pueden estar a años luz del momento y lugar en que se encuentra nuestro cuerpo.
Para poder actuar de esta forma, debemos tener la realidad circundante muy bien estructurada. Clasificamos los objetos que nos rodean continuamente, y de esta forma sabemos lo que son, o al menos nos hacemos idea. Por ejemplo, podemos desconocer para qué sirve un objeto de metal, pero al menos sabemos que es una cosa de metal, y que por tanto es dura, fría, indeformable, y no comestible.
Además de estas propiedades físicas, clasificamos los objetos en función del significado y valor que tienen para nosotros.
Es precisamente debido a esta clasificación, que “sabemos” que (en nuestra cultura) la ternera se come pero el caballo no. La vaca es un animal que da leche, el caballo se monta y el perro es un animal de compañía que ladra (y que tampoco debe comerse).
Estas clasificaciones son útiles no sólo para ahorrarnos el tener que pensar sobre lo que hacemos, sino también para nuestra supervivencia y bienestar (seguramente estaríamos bastante incómodos si nos hubiéramos comido por ejemplo el objeto de metal del que hablábamos antes).
En mi opinión, estas clasificaciones son el andamiaje del Sentido Común: ese sentido que nos dice continuamente cómo debemos comportarnos para asegurar nuestra supervivencia y bienestar así como el de nuestra sociedad.
Pero las clasificaciones que hacemos también tienen sus inconvenientes.
En ocasiones por ejemplo, introducimos en una categoría más atributos de los que debiera tener. Por ejemplo, si pensamos que alguien es muy bueno haciendo algo en concreto, muchas veces asumimos que debe ser bueno en otras cosas, o si pensamos que alguien es mediocre en un ámbito determinado, lo extendemos a otros aspectos de su vida.
Un experimento tradicional pero sencillo puede servir para ilustrar esto.
Si te describo a dos personas, Pedro y Luis, ¿cuál sale más favorecido?
Pedro: inteligente-diligente-impulsivo-crítico-testarudo-envidioso
Luis: envidioso-testarudo-crítico-impulsivo-diligente-inteligente


¿Ves cómo funciona habitualmente nuestra mente?

Pero quizás lo peor no sea esto, sino la relativa impermeabilidad entre categorías, es decir, lo que nos cuesta poner a un objeto en una clase diferente a la que lo teníamos.
Los ejemplos son innumerables. Podemos empezar por experimentar lo que nos cuesta comer carne de caballo…a pesar de estar convencidos de que es sólo porque lo he incluido en mi clasificación de animales nobles no comestibles!!!
Pero también podemos recordar lo que nos cuesta sacar a una persona del estereotipo en que la teníamos. Es como reirnos con Arnold Schwarzenegger haciendo comedia, o estar serios viendo a Jim Carrey en una película dramática…¿Nadie se acuerda cuando Matías Pratts pasó de presentar Estudio Estadio a dar las noticias del telediario?


Presentando el Telediario parecía que en cualquier momento iba a cantar un gol...




Personalmente, me resulta más gracioso Jim Carrey….











Usualmente la costumbre es la que nos obliga a hacer el esforzado cambio de clase, y esto es lo que ocurre con las modas. Si se pusiera de moda comer carne de potro, ya no lo veríamos tan raro y crearíamos una clase equina comestible.
Bueno, y si no me da la gana de comer caballo ¿qué pasa? ¿Tanta importancia tiene que sea difícil cambiar a un objeto de clase?
Pues créeme, tiene una gran importancia por algo cada vez más valorado en nuestra sociedad actual: La creatividad.
Si queremos ser creativos y originales tendremos que salirnos de lo habitual, de lo vulgar, de lo corriente…luego por un momento, si queremos ser creativos tendremos que saltarnos el sentido común=habitual=corriente=vulgar.
Es decir, tendremos que sacar a los objetos de sus clases habituales para poder ser creativos y originales, y lo que es más importante, para poder resolver eficientemente problemas aparentemente irresolubles…

Como el cinturón abrebotellas










o para ahorrar espacio la cuchara-tenedor



Si nos olvidamos de cómo hacer el nudo tenemos cerca las instrucciones



Y por último, la microducha


En terapia, cambiar  de clase se denomina reestructurar, de tal modo que, por ejemplo, estamos reestructurando cuando decimos que una determinada situación no es un problema, sino un reto.


¿Qué? ¿Te apetece un cachito?