viernes, 1 de noviembre de 2013

Amor, medicina milagrosa


En este post voy a hablar del libro de Bernie Siegel llamado “Amor, medicina milagrosa”.
Este magnífico libro cayó en mis manos por casualidad mientras esperaba por una paciente y me enganchó desde sus primeras palabras; lo definiría como una apología encarnizada de la relación mente-cuerpo y del importante papel que nuestra mente juega en nuestra salud.
No obstante, lejos de engrosar la lista de libros de autoayuda que  se encuentran desde hace décadas en el mercado, el libro de Siegel en mi opinión destaca por su realismo e interés, pues aborda, desde la experiencia del autor como cirujano, la influencia de la personalidad en la supervivencia a las enfermedades graves, centrándose sobre todo en el cáncer.
Bernie Siegel propone una serie de ejercicios y pautas para llegar a ser lo que el llama un “paciente excepcional”. Las probabilidades de sobrevivir a la enfermedad de estos pacientes excepcionales se multiplican al cambiar radicalmente su forma de pensar, sentir y actuar.














Entre los datos curiosos que Siegel apunta está por ejemplo el que estudios de la Universidad de Oregon mostraron a finales del siglo XX que las amas de casa sufren cáncer un 54 por ciento más que el resto de la población y el 157 por 100 más que las mujeres con trabajo fuera de casa. Cuando se publicaron estos resultados muchos investigadores trataron de encontrar productos cancerígenos en las cocinas americanas (que de hecho encontraron), pero un análisis posterior reveló que las sirvientas tenían menos cánceres que las amas de casa a pesar de trabajar en dos cocinas. Se destinaron muchos fondos para averiguar la causa química del cáncer pero pocos para buscar una posible causa emocional, tal como el hecho de sentir que no se lleva la vida deseada.




También hace comentarios sobre método de acción imaginativa de Carl Simonton, sobre el que cuenta la historia de un niño llamado Glen, con un tumor cerebral. Basándose en este método le sugirieron a Glen que imaginase que unas aeronaves sobrevolaban su cabeza para acabar con el cáncer, al que Glen imaginaba como “algo grandote, estúpido y gris”.





Al cabo de unos meses Glen dijo a su padre que las aeronaves recorrían su cabeza sin éxito porque no encontraban el cáncer por ningún sitio, a lo que su padre respondió “estupendo”.

Cuando tocaba de nuevo hacerle un TAC a Glen, el médico dijo a sus padres que no se gastaran el dinero porque el tumor era incurable; sin embargo, un día Glen se cayó en la escuela y pensaron que era debido al tumor, le hicieron un TAC y descubrieron que el cáncer había desaparecido por completo.
A pesar de este espectacular resultado Bernie Siegel se lamenta de que esta técnica de visualización no siempre funciona. Él aboga por combinar psicoterapia individual con reuniones de grupo en los cuales los pacientes tienen la oportunidad de compartir sus miedos y alegrías.



Lo que el Dr. Siegel defiende en definitiva es que el cáncer, al hacer que la persona se encuentre con la muerte ante sus narices, es un efectivo billete de entrada a un proceso de autodescubrimiento y cambio espiritual que de otra manera quizás nunca se hubiese producido, tal como describe el poema francés:


“Venid hasta el borde.
No, que caeremos,
Venid hasta el borde.
No, que caeremos.
Se acercaron al borde.
Los empujó, y volaron.”



































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