sábado, 27 de mayo de 2017

Perder peso con Mindful Eating

Quien quiera perder peso quizás debería comer prestando atención a lo que hace, en lugar de hacerlo mientras hace otra cosa diferente, como ver la tele, trabajar o darle vueltas al coco.


Esto es lo que concluye un estudio reciente tras evaluar el efecto de ser más consciente al comer durante un programa de mantenimiento de peso.
Este trabajo, realizado por especialistas en nutrición de la Universidad de Nueva Carolina, se ha presentado en el Congreso Europeo de Obesidad  de este año celebrado en Oporto.
Se llevó a cabo un programa online con un instructor cuya labor consistía en ayudar a los 80 participantes a alterar sus hábitos relacionados con el mantenimiento del peso.
A una parte (grupo de trabajo) se les entrenó en comer prestando atención a las diferentes facetas de la comida (aspecto, peso, temperatura, sabor, etc.) y a las señales de hambre y de saciedad, mientras que la otra parte (grupo de control) no fue entrenada en estas habilidades.
Al término del programa, los participantes del grupo de trabajo había perdido casi 2 kg de media de su peso, mientras que el grupo de control sólo perdió 0,3 kg.
Para asegurar la eficacia del entrenamiento, a ambos grupos se les pasó el Cuestionario de Mindful Eating (MEQ) antes y después de la intervención, demostrando que las altas diferencias correspondían sólo al grupo de trabajo.

La obesidad es un problema de salud pública que crece cada día, pues se estima que, actualmente, afecta al doble de personas que en la década de 1980.
De hecho, en Estados Unidos, 1 de cada tres adultos es obeso.

¿Y tú? ¿Cuántas veces comes y cuántas veces engulles? ¿Comes viendo la tele, leyendo o pensando?
¿O quizás comes saboreando y con plena atención a lo que haces?

Por si tienes dudas, vamos a comentar algunos ítems del MEQ:

Harías Mindful Eating si...
-Antes de comer, me tomo un momento para apreciar los colores y olores de la comida.
-Noto cuando lo que como afecta a mi estado emocional.
-Saboreo cada bocado cuando como.
-Cuando como algo agradable, me doy cuenta de si la comida me hace relajarme.
-Suelo disfrutar del aspecto de la comida en el plato.
-Noto los sabores sutiles de la comida.
-Me doy cuenta de cuando como sin hambre.
-Noto cuando la comida y bebida son demasiado dulces.
-Me doy cuenta de cuando los anuncios de comida me hacen comer.
-Cuando como mucho, noto si me cae pesado.
-Soy consciente de cuando como golosinas de una bandeja sólo porque están ahí.
-Paro de comer cuando me lleno, incluso cuando me encanta lo que como.
-Cuando como en un restaurante y me sirven mucha comida, paro de comer cuando me lleno.

Y no practicarías precisamente Mindful Eating si hicieras lo siguiente...
-Cuando estoy triste, como para sentirme mejor.
-Cuando siento estrés en el trabajo busco algo que comer.
-Me cuesta no comer helado, galletas o chips sí sé que hay en casa.
-Suelo picar sin darme cuenta de que estoy comiendo.
-Tengo ensoñaciones mientras como.
-Pienso sobre cosas que tengo que hacer mientras como.
-Como tan rápido que no saboreo lo que como.



viernes, 19 de mayo de 2017

¿Ha cambiado el tiempo la forma de ver a tu pareja?

¿Cuánto tiempo llevas de relación de pareja?
Suele ocurrir que, cuando llevamos un tiempo de relación y estamos cerca de nuestra pareja, no la vemos realmente, sino que, por decirlo de alguna forma, sólo vemos un retrato de ella: no la miramos, no nos fijamos en ella como al principio de la relación tal como ocurre con las personas, situaciones o cosas que no son nuevas.


¿Vemos realmente a nuestra pareja cuando la tenemos delante?


¿Cuántas veces te ha pasado que una persona cambia de aspecto y “no nos damos cuenta”?
La excusa suele ser que somos poco observadores y, en cierto modo, es cierto, aunque quizás sería más correcto decir que estamos poco observadores, porque seguro que cuando lo que tenemos delante es nuevo (como ocurría al principio de la relación) sí que somos conscientes de cualquier cambio.

¿Miramos ahora a nuestra pareja tal como lo hacíamos la principio de la relación?


Esto constituye una muestra más de cómo vivimos gran parte de nuestra vida con el piloto automático, sin estar plenamente en el presente.
Quizás la mejor solución no esté en tratar de cambiar ese retrato de tu pareja, producto de los esquemas mentales que nuestra mente construye a partir de las experiencias, y sobre todo, a partir de los pensamientos sobre esas experiencias.
Tal vez lo más funcional sería no conformarnos con el retrato, sino volver a atender a nuestra pareja, tal como hacíamos al principio de la relación.


Fijarnos en nuestra pareja puede ser algo voluntario.

Mirar con atención plena, observando sus gestos, su forma de hablar (y no sólo el contenido de lo que dice), escuchar el tono y cadencia de su voz, sus expresiones, sus reacciones, sus respuestas…sentir el contacto cuando la tocamos o acariciamos, etc.
En definitiva, aplicar de nuevo los cinco sentidos en nuestra relación. Podemos hacerlo voluntariamente sin ningún otro motivo que el querer mejorar nuestra relación de pareja.


Aplicar los cinco sentidos a nuestra relación para percibir plenamente a nuestra pareja.


Entre las acciones que pueden tomarse para volver a percibir plenamente a nuestra pareja está la recogida en un reciente estudio de la Universidad de Northumbria en el Reino Unido,  que demuestra que el hecho de que ambos miembros de la pareja participen en un curso para aprender a hacer masajes puede contribuir a su bienestar físico y emocional.
Según los autores, el beneficio no viene sólo derivado del placer físico de recibir un masaje sino también de darlo, ya que el hecho de dar el masaje y mostrar afecto, es un componente importante del efecto que esta actividad puede tener en el bienestar de la pareja.
El masaje mutuo podría de hecho convertirse en un nuevo hábito, con implicaciones en la salud física y emocional de los miembros de la pareja; de hecho es una buena forma de prestar atención a la pareja.



sábado, 6 de mayo de 2017

¿Crees que eres eficaz realizando varias tareas al mismo tiempo?

Sin duda no ha habido un momento anterior en la historia de la humanidad en que se realizaran más tareas simultáneamente que éste.

Saltamos de una tarea a otra totalmente diferente casi de forma continua, en muchas ocasiones para posteriormente volver a la misma tarea anterior.


El origen de este modo de procesar la atención podría estar en los medios y tecnologías de la comunicación:
Desde que se inventa el teléfono, que con su sonido nos alerta para que, de inmediato abandonemos aquello que estábamos haciendo y en lo que depositábamos nuestra atención…pasando por el busca, la radio y la televisión que podemos escuchar mientras realizamos otra tarea, saltando y moviendo alternativamente nuestro foco de atención entre una y otra actividad…siguiendo con el teléfono móvil o tabletas con sus múltiples aplicaciones como las Apps, el wasap y diferentes redes sociales que con sus avisos sonoros nos sacan de la profundidad atencional en la que estábamos inmersos para cambiarla por completo a otra a veces de índole totalmente diferente…
Pasamos de una conversación a otra, dejando la anterior inacabada…dejamos la lectura de un libro o de un email a medio para leer un mensaje de texto o poner a cargar nuestro móvil, tratamos de hacer un ejercicio de meditación en grupo mientras suenan consecutiva y simultáneamente diferentes y surrealistas melodías que anuncian wasaps, baterías descargadas, emails, ingresos o cargos bancarios, una cita olvidada en un calendario de Outlook o simplemente un Me Gusta que la prima de alguien presente en la sala (o al menos su cuerpo) ha dado a un comentario de alguien que no conoce y que quizás tampoco entiende del todo.
Vaya mundo éste y lo distinto que es respecto a aquel en el que se forjó nuestro cerebro y en el cual sus mecanismos de procesamiento de la información evolucionaron.

Carril chino para viandantes que caminan prestando sólo atención a su móvil.


¿Será por tanto lógico que muchas veces nos saturemos con tanta cantidad de información que pretendemos abarcar?
¿Contribuirá este hábito a la ansiedad y estrés que sentimos en algunos momentos?


Y por si esto fuera poco, resulta que la atención (más que el tiempo) es el mejor regalo que podemos hacer y hoy en día la regalamos a cualquiera; pero el problema no es la generosidad, sino que al ser un recurso escaso, sólo podemos concedérsela a una cosa por vez y por tanto para dársela a alguien o a algo debemos quitársela antes a otra persona, animal o cosa.



Tantos talleres de yoga, meditación y mindfulness quizás nacen para compensar, este déficit de atención profunda y plena, ya que lo que está de moda ahora es la atención superficial.
Las investigaciones demuestran que la multitarea (multitasking), tan extendida actualmente, reduce nuestra productividad hasta en un 40 %:
Un equipo de la Universidad de Aalto ha comprobado mediante imágenes cerebrales que cambiar de tarea frecuentemente interfiere en la actividad cerebral, lo que explica por qué el rendimiento en multitarea es peor que cuando una persona enfoca su atención en una actividad únicamente.
Como apuntan los investigadores, es muy fácil caer en la trampa de la multitarea, pero con ella, la concentración decrece, con lo que aumenta la ineficacia y como consecuencia, el estrés. Y ocurre que el estrés dificulta el pensamiento e influye negativamente en la memoria, con lo cual se cierra el círculo.
Pero la solución a todo esto no tiene que ser forzosamente abandonar las fuentes de información, sino cambiar el hábito de atenderlas abandonando la actividad que teníamos entre manos. Podemos crear el hábito de atender a una cosa por vez hasta su finalización.

De todos modos, el estrés, los problemas de memoria y los bloqueos de pensamiento no ocurren sólo derivados del uso de las fuentes de información, redes sociales y nuevas tecnologías.
Hay un “dispositivo” muy antiguo que trata de atraer nuestra atención continuamente y secuestrarla, consiguiendo en numerosas ocasiones que abandonemos nuestros quehaceres: nuestra mente.

Nuestra mente compite con nuestros cinco sentidos a la hora de atraer nuestra atención.

Quienes sufren de pensamientos intrusivos o rumian con frecuencia conocen los bloqueos y las ausencias y lagunas mentales. Nuestra mente se puede convertir en el mayor distractor de nuestra atención si no tenemos el hábito de estar en el presente.

Muchas veces, por la mirada, podemos identificar a una persona que está con su mente y no en su presente.

Y yo me pregunto, ¿influirán las nuevas tecnologías y  la atención parcial que provocan, en este protagonismo de la mente y los pensamientos y el eclipsamiento que produce del aquí y del ahora?