viernes, 18 de julio de 2014

LA RESILIENCIA, ¿LA TIENES?



La resiliencia podría considerarse una virtud muy valiosa, pues se define como la capacidad de afrontar la adversidad saliendo fortalecido alcanzando un estado de excelencia profesional y personal.
Esa capacidad de resistencia puede salir a relucir en situaciones de fuerte y prolongado estrés, como por ejemplo el debido a la pérdida inesperada de un ser querido, al maltrato o abuso psíquico o físico, a prolongadas enfermedades temporales, al abandono afectivo, al fracaso, a las catástrofes naturales y a las pobrezas extremas





En mi opinión, la resiliencia podría considerarse lo contrario que la Indefensión aprendida, definida por Martin Seligman, autor de numerosos estudios y libros sobre la felicidad y el optimismo.

 


La indefensión aprendida o adquirida puede definirse como una condición psicológica en la que un sujeto aprende a creer que está indefenso, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil. Como resultado, la persona permanece pasiva frente a una situación dolorosa o dañina, incluso cuando dispone de la posibilidad real de cambiar estas circunstancias.




Seligman realizó experimentos en los que exponía a dos perros, encerrados en grandes jaulas, a descargas eléctricas ocasionales.
Uno de los animales tenía la posibilidad de accionar una palanca con el hocico para detener esa descarga, mientras el otro animal no tenía medios para hacerlo.
El tiempo de la descarga era igual para ambos, ya que la recibían en el mismo momento, y cuando el primer perro cortaba la electricidad, el otro también dejaba de recibirla.

Por tanto, el efecto psicológico en ambos animales era muy distinto; mientras el primero mostraba un comportamiento y un ánimo normal, el otro permanecía quieto, lastimoso y asustado, con lo que la importancia de la sensación de control en el estado de ánimo parecía demostrada.
Lo que es más importante, incluso cuando la situación cambiaba para el segundo animal, y ya sí podía controlar las descargas, era incapaz de darse cuenta y seguía recibiendo descargas sin intentar nada para evitarlo.



Sin embargo, no todos los canes con los que Seligman experimentó se volvieron “indefensos”.
De los 150 animales en los experimentos realizados, una tercera parte no exhibieron dicho comportamiento, sino que encontraron la manera de salir de ese comportamiento a pesar de su experiencia previa.



Dicho de otra forma, un porcentaje de los perros exhibieron la capacidad de superar una situación de estrés y presión psicológica.
Se podría decir entonces que esos perros mostraron resiliencia, ¿no crees?



Según Seligman, la característica de esa tercera parte de los perros correspondiente en seres humanos tiene una correlación directa con el Optimismo.



Si una persona ha fallado en el pasado en algún objetivo, profesión o actividad puede llegar a la conclusión errónea de que no tendrá éxito en el futuro, exhibiendo algunas de las características descritas por Seligman como Indefensión Aprendida.


Los experimentos de Seligman están ligados directamente con la noción de control que tenemos sobre nuestras vidas, ayudando a contrarrestar los sentimientos de ansiedad e impotencia.
En la medida en que pensamos que las cosas están fuera de nuestro control, el sentido de responsabilidad y sobre todo de noción de influencia sobre nuestras vidas y el entorno disminuye.
Sin embargo, según este científico, las personas optimistas no reaccionan con sentimientos de indefensión frente a situaciones negativas sobre las que no tienen control.

Pero, ¿y si pudiéramos hacer que los perros que han aprendido la indefensión aprendieran Resiliencia? O mejor aún, ¿y si pudiéramos hacerlo con personas?



Es un trabajo psicológico que puede abordarse desde diferentes vertientes.
Algunos terapeutas piensan que hablando con las personas es posible convencerles de que pueden hacer algo.
Quizás eso funcione para algunas, pero no ocurre con todas, incluso tratar de convencer con palabras a alguien que está desanimado para que se anime puede todavía hundirlo más en el “pozo” en el que se encuentra.



Con muchas personas (y con los animales en general) funciona mejor sin embargo el “just do it”, es decir, provocando que hagan algo sin pensar en si pueden o no hacerlo para que comprueben por sí mismos que sí pueden.
Son dos enfoques diferentes, el primero trata de infundirle a alguien ganas de que haga algo, mientras el segundo intenta que alguien haga algo sin ganas sólo porque es bueno para él/ella.




El primero estaría más cercano a la Terapia Cognitivo-conductual, mientras que el segundo estaría más cerca de la Terapia de Aceptación y Compromiso. ¿Cuál crees que podría ser más útil?


Según dice Enrique Fernández-Abascal en su libro «Emociones positivas» las personas resilientes poseen las siguientes características:
                Sentido de la autoestima fuerte y flexible
                Independencia de pensamiento y de acción
                Habilidad para dar y recibir en las relaciones con los demás
                Alto grado de disciplina y de sentido de la responsabilidad
                Reconocimiento y desarrollo de sus propias capacidades
                Una mente abierta y receptiva a nuevas ideas
                Una disposición para soñar
                Gran variedad de intereses
                Un refinado sentido del humor
                La percepción de sus propios sentimientos y de los sentimientos de los demás
                Capacidad para comunicar estos sentimientos y de manera adecuada
                Una gran tolerancia al sufrimiento
                Capacidad de concentración
    Las experiencias personales son interpretadas con un sentido de esperanza
                Capacidad de afrontamiento
                Apoyo social
                La existencia de un propósito significativo en la vida
                La creencia de que uno puede influir en lo que sucede a su alrededor
       La creencia de que uno puede aprender con sus experiencias, sean éstas positivas o negativas

Se podría hablar largo y tendido de cada una de estas características, sin embargo, para finalizar este post te expongo un test para que averigües cómo eres de resiliente.



Si te apetece saberlo, contesta cada frase con una puntuación entre el 0 y el 4, donde el 0 es nada de acuerdo, el 1 es raramente de acuerdo, el 2 es algo de acuerdo, el 3 es bastante de acuerdo y el 4 es totalmente de acuerdo.

 1.Soy capaz de adaptarme a los cambios.
2.Tengo personas en las que puedo confiar y con las que me siento seguro.
3.Algunas veces dejo que el destino o Dios me ayude.
4.Puedo resolver cualquier acontecimiento que se me presente.
5.Los éxitos pasados me ayudan a resolver nuevos retos con confianza.
6.Veo el lado divertido de las cosas.
7. Afrontar el estrés me fortalece.
8.Tiendo a recuperarme de las dificultades o de las enfermedades.
9.Pienso que las cosas ocurren por alguna razón.
10.Me esfuerzo al máximo en cada ocasión.
11.Puedo conseguir mis metas
12.Cuando parece que algo irremediablemente no tiene solución, no abandono
13.Sé donde acudir por ayuda
14.Bajo presión, me concentro y pienso claramente
15.Prefiero tomar la iniciativa cuando hay que resolver un problema
16.No me desanimo fácilmente por el fracaso
17.Pienso que soy una persona fuerte
18.Tomo decisiones difíciles o impopulares
19.Puedo manejar sentimientos desagradables
20.Sigo los presentimientos que tengo
21.Tengo muy claro por donde quiero ir en mi vida
22.Siento que controlo mi vida
23. Me gustan los desafíos
24.Trabajo para conseguir mis metas
25.Me siento orgullosos de mis logros


Una vez respondidos todos los ítems, se obtiene la puntuación en Resiliencia sumando los resultados de todos los ítems y obteniendo un valor entre 0 y 100

Además, según el estudio de Connor y Davidson (2002) se pueden derivar las siguientes subescalas:
Competencia personal y Tenacidad: 10, 11, 12, 16, 17, 23, 24 y 25.
Confianza en el propio instinto y fortalecimiento bajo estrés: 6, 7 14, 15, 18, 19 y 20
Aceptación positiva del cambio: 1, 2, 4, 5 y 8
Control: 13, 21 y 22
Influencias espirituales: 3 y 9

Para finalizar, según Yun y Zhang (2007) podrían derivarse las siguientes subescalas:
Tenacidad: 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 25
Fortaleza: 1, 5, 7, 8, 9, 10, 23 y 24.
Optimismo: 2, 3, 4 y 6

Entonces, ¿eres o no resiliente?

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